jueves, abril 26, 2007

¿Es posible No ser Nacionalista?

Anti-Nacionalissmo y No-Nacionalismo en la era PostNacional. (I)

Uno de los tópicos que repiten continuamente los nacionalistas (pero siempre sin argumentar) es el de que no se puede ser No-nacionalista. Que un no-nacionalista esconde a un nacionalista de signo opuesto. En realidad es una versión no muy diferente del concepto chantajista "estás conmigo o contra mí".

Parte de la premisa de que todos formamos parte de alguna Cultura y, querámoslo o no, aún sin darnos cuenta, la privilegiamos. Pero de la misma forma se podría afirmar entonces que todos somos racistas, pues todos pertenecemos a una raza concreta y sin quererlo discriminamos a los de otras razas.
Bien es cierto que es imposible, cuando conviven diferentes razas o diferentes sexos, no caer en algún momento en alguna discriminación inconsciente (aunque sea positiva, como cuando se cede el paso a una mujer por el hecho de serlo). La ecuanimidad absoluta es un imposible. Pero la diferencia entre un machista y alguien que no lo es no consiste tanto en que uno en un momento concreto pueda realizar un acto sexista (machista o feminista) sino en que, cuando a alguien que pretende no ser sexista se le hace ver que su actitud en ese caso lo es, se avergüence de ello y procure corregir dicha actitud. (lo mismo vale para el racismo).

El Nacionalismo en principio es una ideología. Se ha de distinguir a quien se auto-proclama nacionalista, que sin complejos obra en consecuencia (como quien se auto-proclama racista) de quien se proclama No-Nacionalista, aunque en un momento dado este último pueda tener, en casos concretos y sin ser consciente de ello, actitudes nacionalistas.

Naturalmente, cuando las actitudes nacionalistas son muy repetidas, habituales, en un individuo concreto y a pesar de ello, si no se reconoce como nacionalista, también puede ser que nos encontremos ante alguien que oculte su condición o ante alguien que se auto-engaña o se confunde.

Es decir, se puede ser nacionalista sin reconocerlo (hasta cierto punto), pero como el machista, no es machista aquel que en un momento dado cometa un acto machista, sino aquel que incluso aceptando que dicha actitud es machista, persiste en ella sin complejos.

Así, de la misma forma que uno puede pertenecer a una raza y no ser racista con el resto, y además encontrar denigrante el racismo, uno puede pertenecer a una cultura y no ser nacionalista, Es decir, ser un NO-NACIONALISTA.

martes, abril 17, 2007

La dualidad lingüística, mediática y política catalana

por Vicenç Navarro





Una constante en la vida política de Cataluña desde que existe democracia en nuestro país ha sido que la población catalana participa en porcentajes menores en las elecciones al Parlament de Catalunya que en las elecciones legislativas a las Cortes españolas. En las últimas elecciones autonómicas catalanas, la abstención alcanzó un 44% del electorado, una de las abstenciones autonómicas más elevadas en España. Según una encuesta sobre Participación Política en Cataluña, publicada recientemente por la Generalitat de Catalunya, esta abstención es particularmente acentuada entre aquellos sectores de las clases populares que utilizan preferentemente el idioma castellano, y entre los jóvenes. La mayoría son personas de clase trabajadora que tienen ingresos mensuales familiares netos inferiores a 2.000 euros al mes.

La mayoría de los análisis que se han hecho para explicar esta abstención electoral diferencial (de menor participación en las autonómicas que en las legislativas españolas) se han centrado en el estudio de las características de los abstencionistas lo cual es necesario pero insuficiente puesto que esta abstención autonómica es el síntoma de un problema más profundo que suele ignorarse en aquellos estudios y en los medios de información, a saber, la existencia en Cataluña de una polarización lingüística cultural y social. En general, la vida política en Cataluña (tanto su temática, y narrativa como su lenguaje) se ha centrado en la cultura de habla catalana, tomando como medios prefenciales de su debate político televisivo y radiofónico (la televisión y la radio son las fuentes más importantes de información para la población) los medios públicos de la Generalitat de Catalunya, a saber TV3 y Catalunya Radio. Ambas utilizan casi exclusivamente el catalán y hasta hace poco en su cultura temática predominaba (y, con notables excepciones, continua todavía predominando) una cultura identitaria y nacionalista. Es en tales medios donde los grandes debates políticos del establishment político-mediático de Cataluña tienen lugar y donde se da mayor visibilidad a la campaña electoral autonómica.

Aunque tales medios son los medios que dan mayor atención a la política catalana, su concepción de la política reduce esta al politiqueo –al dime y direte de los líderes políticos- con escasa atención a las propuestas programáticas de los partidos políticos excepto en los temas identitarios, dando poca visibilidad a los temas de la vida cotidiana de las clases populares. Ello da pie a una falsa uniformidad programática en que las diferencias entre los líderes políticos se atribuyen a características personales. Ello explica que incluso los programas de humor y sátira (como Polònia) se centren en estos líderes políticos, confundiendo la política con lo que dicen los dirigentes políticos. Todo ello contribuye a un descrédito de lo que se ha llamado la clases política, descrédito que queda confirmado por las encuestas que señalan que los partidos políticos están entre las instituciones menos valoradas por la población, descrédito incluso más acentuado entre las clases populares.

Ahora bien, a pesar de la indudable importancia e influencia política de tales medios (que se han convertido en el cuarto poder del Estado en Cataluña, muy poco receptivos a la crítica), tales medios no son utilizados por la mayoría de la población en Cataluña (sólo el 33% de la población recibe la información a través de Catalunya Radio, la supuesta radio nacional catalana) o por un poco más de la mitad de la ciudadanía (TV3 informativos no es seguida por un 45% de la población). La gran mayoría de catalanes de habla castellana no escuchan regularmente tales medios. Esta otra Cataluña de habla castellana ve televisiones, con sede en Madrid, cuya temática no se centra en la realidad catalana y que no cubre con detalle la situación política en Cataluña. Este sector de la población conoce la información sobre Cataluña a partir de medios de habla castellana centrados en Madrid y que dan una visión de Cataluña desde la perspectiva del resto de España. En estas televisiones y en estas radios, la realidad catalana es poco conocida, cuando no sesgada. La visibilidad de la política catalana en tales medios es, además de escasa, españolizada. Los temas de la cotidianidad ciudadana apenas aparecen en tales medios. Viendo tales televisiones no es de extrañar que grandes sectores populares ignoren incluso que la sanidad (entre otros servicios públicos) esté gestionada desde Cataluña. Su reportaje político aduce de las mismas (cuando no mayores) deficiencias que TV3 y Catalunya Radio. La ausencia de un canal televisivo basado en Cataluña de habla castellana o bilingüe refuerza esta situación.

De esta lectura se deriva el acierto de la propuesta que se hizo en su momento de que se hicieran debates electorales en las elecciones autonómicas en catalán y en castellano. En realidad, según el Barómetro de Opinión Política de la Generalitat de Catalunya, la mayoría de votantes socialistas no ven TV3 ni escuchan Catalunya Radio. Los votantes del partido nacionalista CIU están entre los que siguen TV3 y Catalunya Radio con mayor asiduidad.

Las izquierdas debieran presionar para que tales medios públicos fueran auténticamente plurales, expresando las diversas sensibilidades existentes en la población (tratando los temas que afectan e importan más a las clases populares), puesto que la situación actual que favorece esta polarización lingüística, cultural y mediática les está perjudicando electoralmente. Son las izquierdas las más afectadas por la abstención en las elecciones autonómicas. La falta de medios televisivos y radiofónicos en Cataluña que sean bilingües, el excesivo énfasis identitario en los medios informativos públicos de la Generalitat y la falta de bilingüismo en los medios televisivos y radiofónicos españoles (con un uniformismo centralista) reproduce la polarización lingüística y cultural en Catalunya, la cual favorece no sólo la abstención de las clases populares en las elecciones autonómicas (abstención favorecida por muchos años por el partido nacionalista gobernante) sino también estimula el establecimiento de posturas anticatalanas, como está ocurriendo con el PP (la emisora ultraderechista COPE es la más escuchada por los votantes del PP) y la aparición de nuevos partidos que intentan utilizar en beneficio propio tal polarización cultural.

miércoles, marzo 28, 2007

Sin que sirva de precedente

Ya sé que yo soy el primero en criticar la política adoctrinadora de tv3 y sus satélites pero que la Generalitat Valenciana intente impedir su recepción en Valencia me parece un ataque a la pluralidad inaceptable.
Me parece una muy buena idea la propuesta de la Generalitat catalana de permitir la recepción en Catalunya de Canal Nou a cambio de que se continúen las emisiones de tv3 en Valencia. Supongo que no será aceptada, es una pena.

De todas formas esta propuesta me ha hecho caer en la cuenta de una cosa: ¿Cómo es que el Govern de Catalunya no ha formulado ninguna iniciativa para que se puedan recibir en todo el territorio catalán las emisiones de las televisiones de Baleares, Valencia o Andorra? Siempre se han reclamado más medios en catalán pero no se han hecho nunca propuestas en teoría tan sencillas.

A poco que uno piense los motivos de por qué hoy en Catalunya no vemos dichas televisiones se hacen evidentes ¿para qué promover a algo que nos va a hacer la competencia económica pero sobretodo ideológica?
En fin..., política.

Mi total respaldo a esta plataforma,(en las antípodas ideológicas mias), en esta lucha.

jueves, marzo 15, 2007

Crónica desde el "Sète Cel"

Aún ahora oigo a nacionalistas repitir el socorrido argumento de "Que no ens enganyin, PP i Psoe són la mateixa cosa, pensen en tot el mateix, l'única diferència és de formes ". ¿Cómo se puede negar de esta forma la evidencia? Tal como está la actualidad política hoy día es de un cinismo espantoso. Pero claro de esta gente que vive en ese Setè Cel (¡¡Qué bueno eres Sisa!!) que es su Catalunya Imaginaria ¿Qué se puede esperar?
El caso es que la semana pasada lo oí en una tertulia radiofónica y ningún contertulio fue capaz de hacer bajar a la realidad al que lo decía. Todos callan.
Es como lo que decía ayer sobre Oleguer. Son argumentos recurrentes, se repiten continuamente y cuando las circunstancias no son propicias para afirmarlos nadie se retracta. Callan y punto. (Bueno siempre hay algún impertinente que aún así se le escapa). Siempre tendrán tiempo de volver a decirlos, cuando las circunstancias cambien ya que da la sensación de que nunca han sido refutados por los hechos.

miércoles, marzo 14, 2007

Oleguer como ejemplo: Destruir para construir lo mismo

Es curioso como caducan algunas opiniones. El artículo de Oleguer Presas denunciaba que ciertos reclusos gozaban de unos privilegios que no se extendían a otros presos, como los terroristas separatistas de Eta, porque claro, eran separatistas, no porque fuesen terroristas. El ejemplo ilustrativo era De Juana Chaos.
Ahora resulta que el gobierno concede , a pesar de todas las presiones de que era sujeto, la prisión atenuada a De Juana. Pero no queda todo ahí. Ahora resulta que el PP, en su época de gobierno, excarcelaba a etarras a diestro y siniestro. Los argumentos de Oleguer quedaron reducidos a cenizas, pulverizados por los hechos.
El señor Oleguer ponía en cuestión, nada menos, que el Estado de Derecho con su argumento, dejando entrever que este cometía arbitrariedades contra todo lo que no fuese "centralismo puro y duro". ¿Se ha excusado?¿Ha rectificado?.
Bueno, dicen que rectificar es de "sabios"...eso sí, eso le disculpa.

La carne es débil. No quería escribir sobre él. Entiendo que los medios le prestan una atención que no le deben. (De esto no le culpo tanto a él mismo, que sólo aprovecha la situación, como a los mismos medios y su amarillismo, a los más centralistas y a los más nacionalistas).
Hay quién por lo que piensa y escribe se hace un nombre. Y su firma es su prestigio (Nos compramos un libro, antes de leerlo, por la firma, porque otro libro del mismo autor nos sedujo) Hay quien hace un nombre en ámbitos muy alejados del pensamiento, tiene nombre y entonces (a la inversa que los anteriores) escriben. Dar cancha a estos últimos me parece un abuso...(una forma de incurrir en la falacia de la falsa autoridad) ...Bueno después de verle jugar en el "derbi" el sábado...tampoco se entiende muy bien cómo es que se ha hecho un nombre en esto del fútbol...

Sin embargo escribo. Caigo en esta tentación porque este es un ejemplo gráfico de lo que se ha dicho sobre el caso De Juana en nuestras catalanísimos medios de comunicación. De hecho lo único que hizo Oleguer es recoger esas opiniones y repetirlas como un loro. Ahora todos aquellos callan sobre esta perspectiva del tema. Ya no existe esa supuesta injusticia absoluta, siguen habiendo muchísimas otras que ahora no explicitan. Pero más pronto o más tarde se darán nuevos casos, "pruebas irrefutables" de que el Estado les (nos) persigue. Nadie se acordará de estos anteriores desmentidos (Básicamente porque nadie ha tenido la dignidad de aceptar que se equivocó).

A ninguno de estos justicieros les importa más de lo común el "Estado de derecho", la justicia social, los atropellos laborales o los problemas de la gente de la calle. No les molesta que haya un "Estado opresor". Les molesta que el Estado, opresor o no, no sea Catalunya.

miércoles, marzo 07, 2007

Sobre Patrias y Banderas

Aprecio y sé valorar muchas cosas, pero amar... Acostumbro a no amar aquello que no pueda corresponderme.

lunes, marzo 05, 2007

De Juana Chaos y aquellos que ponen sus intereses por delante de los del estado de derecho

El terrorista De Juana Chaos fue condenado a 3.000 años de prisión por 25 asesinatos. La condena fue ajustada a derecho. En aplicación del Código Penal del 73 la condena quedó reducida a 18 años. A uno le pueden parecer muchos o pocos, pero la resolución está totalmente ajustada a derecho. Hubo quienes buscaron cualquier resquicio legal para evitar su excarcelación. De Juana fue condenado a 12 años por un delito de amenazas. La sentencia fue ajustada a derecho. El Tribunal Supremo redujo la pena de 12 a 3 años en una decisión totalmente ajustada a derecho. Al haber cumplido ya 2 de estos 3 años, y encontrándose el reo en unas circunstancias en que peligraba su salud, el Gobierno decidió la concesión de prisión atenuada. La concesión está totalmente ajustada a derecho.

Cada una de estas vicisitudes sirvió de pretexto para que desde algunos sectores conservadores de la sociedad se denunciasen diferentes agravios y arbitrariedades de forma explícita o más o menos velada. Y cuando digo “conservadores” me estoy refiriendo tanto a los conservadores tradicionales del nacionalismo español (patriotas si lo prefieren, no estoy capacitado yo para distinciones tan sutiles) como a los conservadores tradicionalistas de los nacionalismos periféricos (y de estos últimos tanto a los que se dicen “de derechas” como a los que se dicen “de izquierdas”).

Los conservadores centralistas jugaban a alabar la independencia judicial cuando la decisión la compartían y cuando ésta tropezaba, a culpar al Gobierno e insinuar la subordinación de éste a la voluntad de Eta. No quedaba claro por qué no se podía entender todo al revés, es decir, por qué no se podían entender las resoluciones contrarias a De Juana como síntoma de independencia judicial y las favorables como subordinación a intereses ocultos.

Los conservadores periféricos interpretaban las resoluciones contrarias a De Juana como expresión del centralismo y la falta de libertades en el Estado español. En las favorables callaban o las declaraban insuficientes, todavía injustas. No queda explicado cómo, en una situación de falta de libertades tan acusada, se puedan dar casos de resoluciones favorables y no sean todas desfavorables.

Yo también creo que nuestro estado de derecho es muy imperfecto. Aún más, yo creo que la Justicia no trata a todos los ciudadanos por igual.
Un ejemplo concreto; he participado en un juicio recientemente y he podido comprobar como el veredicto dictaminaba como “hechos probados” hechos que yo, testigo directo, sé que no pueden ser probados porque sencillamente no sucedieron así. Detrás de esta sentencia no había intereses ocultos, ni centralismos ni cesiones a Eta. Sencillamente la suficiencia de un juez que cree poder discernir la verdad de la mentira. La falta de dedicación de unos abogados para los que no es más que un caso rutinario. La inexistencia de grupos de poder que defiendan las posiciones ante la mirada atenta de la opinión (las opiniones) pública.

Queda mucho por mejorar.

Anexo

Tal como ha concluido el caso supongo, que aquellos que por esta causa pusieron en cuestión el “estado de derecho” correrán a rectificar. (Si es que no lo hicieron de “mala fe”, por intereses de Bando). Correrán a escribir sus artículos, o radiar sus opiniones felicitándose por la resolución. Y a disculparse por algo tan grave como haber sembrado la desconfianza en las instituciones entre la sociedad.
...estoy hecho un lío. Demasiado a menudo las opiniones de muchos tienen partes oscuras que me hacen dudar. Todo esto apesta a hipocresía...pero, al menos, yo, espero conservar la buena fe.
Espero no molestar a nadie parafraseando a un Gran Pensador de nuestra época, el Senyor Oleguer Presas.

viernes, febrero 23, 2007

Nuestras miserias: Banderías

Con el tiempo, a poco que uno vaya dialogando con la gente, acabas por convencerte que las ideologías no existen. Son una farsa. Y no me estoy refiriendo a que, al modo que preconizaba Fukuyama, hayamos llegado a un Final de la Historia, donde sólo nos queda proseguir el desarrollo de la vencedora y única ideología posible. (Dicha tesis ya es ideológica y de una ideología muy, muy antigua: el conservadurismo). Lo que quiero decir no es tanto que las ideologías hayan muerto, sino que no son habituales entre la gente. La gente no tiene ideología, tiene bando.

¿Quiere uno saber a que bando pertenece un interlocutor desconocido? Muy fácil. Inicie uno de los temas en boga de actualidad política y espere respuesta. Una vez sepamos cual es su bando cambie de tema. Da igual si es a un tema al que nuestro amigo no haya dedicado jamás un minuto de reflexión1 o que sea excesivamente técnico para un lego o que requiera un información de la que no disponemos. No importa. Nuestro amigo tiene bando, aún más, puede parecer muchas veces que es él quien porta la bandera. Y claro, la bandera siempre hasta la muerte.
Los del bando adversario no sólo no tienen nunca razón, además -se diga abiertamente o se deje entrever-, todos los que le representan son ineptos, cortos, deshonestos, cobardes. Cualquier defecto les es propio, cualquier virtud es inconcebible en ellos.
Un argumento irrebatible no es motivo para aceptar la tesis que nos contraponen, si hace falta se cambia de tema alegando algo en que los nuestros han sido vejados y en paz, ya tenemos más razón que un santo. Los argumentos utilizados rara vez provienen de reflexiones propias, suelen ser lemas con alguna fuerza retórica, repetidos instintivamente. Es curioso, y digno de investigación, como se difunden estos lemas. Un día oyes un argumento original, que nunca antes habías oído, en una radio. Esperas unos pocos días y ya suena por todas partes, bueno, por todas las partes de una bandería.

Da igual estar o no informado, saber de que se habla o que nos contesten con un argumento irrebatible, los nuestros tienen razón y si parece que no la tienen será por algo oculto a nuestro entendimiento, pero la tienen. Si se cierran los ojos con la suficiente fuerza lo que no nos gusta de la realidad desaparece. Inteligencia humana. Lo que nunca dejamos de ver, ni aún con los ojos cerrados, es nuestra bandera, bien alta al viento, siempre impoluta.
Actúa la gente, actuamos, en esto, como hacen los políticos; que se guían por consignas, les pasan el guión desde la dirección del partido y de ahí nadie se mueve bajo pena de salir al día siguiente en las portadas de la prensa no-afín. Lo de ellos es partidismo, que aún tiene la excusa de estar motivado por el interés. Lo nuestro son banderías, nada ganamos por defender lo que defendemos. Si acaso corremos el riesgo de perder algo, la razón y la calma.

La situación no es anecdótica. Es mucho más grave de lo que pudiera parecer. Porque a la larga las banderías acaban con el espíritu crítico, factor fundamental en el progreso de la sociedad. Si somos incapaces de ser críticos con los nuestros, los nuestros se blindan y no cambian, no mejoran. Para mantenerse les basta con atacar duro a la bandería contraria. Incluso en los casos más evidentes de ineptitud, como por ejemplo en casos de corrupción económica, hay gente que son incapaces de admitir la falta en los suyos. O lo afirmado entonces es una falsedad inventada por la bandería contraria (es que nos odia) o siempre hay sitio para el “vosotros muchísimo más”. No entendemos que nuestros intereses no son los mismos que los de nuestros dirigentes.


Hoy día la política partidista en España pasa por una fase de radicalismo y confrontación hace mucho no vista2. Las banderías fomentan que esta situación se perpetúe y agrave. La reflexión crítica, el no rehuir nunca los razonamientos del otro, el estar dispuesto a exponer nuestras ideas en discusión abierta y el no aceptar las propias certidumbres sin cuestionarlas, son nuestras mejores armas para mejorar estas circunstancias.
Probemos de ser ecuánimes.

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1 Decía María Zambrano que no nos podíamos responsabilizar de nuestro hablar porque lo hacíamos con la precipitación por escapar a la trampa que nos tendían las circunstancias. Quizás sea eso, pero es que ¡siempre queremos escapar hacia adelante!
2Y es sintomático, además, cómo se lleva a cabo esta confrontación dónde es más importante aparentar de cara a la opinión pública que no mantener las propias convicciones (¿Recordamos “El Príncipe”?). Tendremos que acabar aceptando con Aristóteles que la democracia degenera en demagogia (Si esto nuestro no es acaso una oligarquía)

jueves, febrero 22, 2007

La Bandera de los Catalanes Charnegos


Cuando intentan negarte nada mejor que buscarte un símbolo, algo en lo que puedas sentirse representado. Si algo ha intentado sistemáticamente ser ocultado y negado en Catalunya es la existencia de una cultura castellano-parlante con valor en sí misma. Es algo imposible, pero se intentan "disimular"...si miras los medios de comunicación catalanes (si un extraterrestre recibiera sus emisiones y no tuviese otra forma de vernos) podría pensar que no existe otra cultura que la "catalana de tota la vida"...la cultura "charnega" no existe, salvo para corregirla, para que deje de serlo.
El ejemplo del "xarnego bo" es Montilla, el que hablando bien o mal catalán deja de ser charnego.

Los castellano-parlantes son "catalanes a medio hacer", aquellos que han de "integrarse" en el todo catalán y desaparecer. Los que han de abrazar la cultura "catalana", como si ellos no tuviesen "cultura", o fuese dañina... como si ellos no fuesen plenamente catalanes.

La "senyera" no nos sirve como símbolo identificativo, primero porque nos representa a todos. Catalanes charnegos y catalanes no charnegos...bueno, eso en teoría, pues para algunos un charnego es un "renegat" o un "espanyol" y entonces sólo identificaría al "català de socarrel".
Tampoco nos sirve otro tipos de símbolos como la bandera española o el famoso "toro" que muchos llevan en el coche. Estos últimos no señalan lo que de particular y diferenciado tiene el charnego...ser catalán, pero además un catalán con personalidad propia.

El símbolo no existe, ha de ser creado. Que sea inventado no es un inconveniente...todos los símbolos lo son.La ikurriña es un invento muy reciente, la bandera Española nace de un concurso...no hablemos ya de otro tipos de banderas y símbolos, como los de clubs deportivos, okupas, independentistas, homosexuales...todas creadas y todas intentan reivindicar una forma de ser.


Esta es una propuesta:

El castillo no simbolizaría a “Castilla”, que porcentualmente ha sido poco significativa a la hora de aportar población a Catalunya, sino al “castellano”.
En esto el símbolo puede incluso ser algo tan querido por los nacionalistas como es de querida cualquier “vuelta a los orígenes”. Y hablo del origen –semi-mítico- donde el nacionalismo catalán pone el nacimiento de su constitución como Nación. Porque hay que recordar que el origen del término de la palabra “Catalunya” está en que sus antiguos habitantes, al igual que sucedía en lo que después sería el Reino de Castilla, eran llamados “castellanos” (castlans), es decir; “aquellos que viven en castillos”
“Catalunya” era así, igual que Castilla, “la tierra de los castillos”, de los que viven en castillos. El castillos es pues un símbolo que identificaba a Catalunya antes ya que las cuatro barras. Y esto, en la lógica del esencialismo nacionalista, nos lleva a la ecuación: “Más antiguo = Más puro, más auténtico”
El castillo (el castellano, castellano-parlante) está sobre la senyera. El charnego no es cualquier castellano-parlante, sino aquel que está en Catalunya. Algo muy propio de aquí y que no se da en ningún otro lugar de España.

Lo que es reprobable, inmoral, hacer es negar-deslegitimar identidades. Aún con más gravedad cuando lo hacen los paladines de la identidad (defensores sólo de la suya, claro)
Naturalmente todo esto es una provocación. Pero puede hacer pensar. Los símbolos tienen unos factores muy negativos: Separan y la vez uniformizan. Separan de lo que no incluyen e uniformizan lo que cae dentro de sus redes. Por ello propongo una alternativa mejor. No crear el símbolo, pero también destruir el resto. Banderas españolas, catalanas, deportivas...todas pueden alimentar al fuego.

Declaración de Intenciones

Ya sé que me declaro abiertamente anti-nacionalista.
Ya sé que odio las banderas, trapos infames. Todas las banderas.
Pero si hay una bandera que me haga dibujar una sonrisita, esa es esta.
Porque significa a una democracia que nunca debió ser truncada. Porque, como buen anti-nacionalista que soy, fue una bandera abolida por un fascismo nacionalista.
Porque simboliza al sentido común frante al anacronismos como la monarquía hereditaria (Otra bandera, al fin, esto de las monarquías).

Quememos todas las banderas.
Pero, personalmente, quemaré esta la última, cuando no quede ninguna otra.