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domingo, marzo 25, 2012

Amar a Catalunya por encima de los catalanes.

Es muy revelador de la mentalidad nacionalista el argumento que ha utilizado Jordi Pujol como defensa de las políticas sociales en el Congreso que celebra Convergència este fin de semana. Se ha de evitar la marginalidad social, no porque las personas, los ciudadanos, los individuos y su dignidad y sentimientos sean lo importante sino porque de otra forma peligra la "cohesión social" y con ella la "supervivencia de Catalunya". 

La Patria es lo importante, es el fin que justifica el resto de actuaciones, es lo que hace vibrar estos corazones que dicen amar tanto a "Catalunya", y no el sufrimiento real de los más humildes. Les importa "Catalunya" -su Catalunya imaginada, claro- y menos los catalanes. No es de extrañar su negación continua de la Cataluñya Real. No es de extrañar que con su idea de "Voluntad Nacional" no les importe pasar por encima de las voluntades reales de millones de catalanes y que para ellos no cuenten. Así Pujol ha sentenciado: “El Estado del bienestar es necesario para que Cataluña como nación se mantenga” y se ha quedado tan ancho. Y a nadie entre su audiencia le ha chirriado.

martes, abril 19, 2011

Los peligros de negar al 18%.

¡Qué gran error es el menospreciar el independentismo!. Zapatero lo hace declarando que “¿Un alto porcentaje? Bueno, en fin, cada uno valora lo que son 18 de 100. Si fuera un 40% dirían que sería impresionante y si fuera un 60%, ¿cuál sería el adjetivo? Son 18 de 100”. No deja de ser una forma de no querer ver la realidad. Es así como el independentismo ha cogido la fuerza que hoy tiene (hace unos años no eran más que algo marginal y Pujol tenía que esconder su obvio independentismo que hoy muestra con desparpajo, si quería concentrar votos) Y es así como los independentistas han cogido la confianza que les hace un colectivo tremendamente concienciado y activista.

Cerrar los ojos es una forma de autoengaño que permite crecer al independentismo, porque aunque el 18% sea una minoría, el 82% es una mayoría pasiva, silenciosa y que no responde y en la práctica diaria ese 18% existe porque es visible y ese 82% que apenas se oye (y cuando se hace oír es asociado a postura radicales o  derechistas) no existe, porque no existe lo que no tiene difusión mediática.  Es ese 18% el que configura la realidad catalana, ellos se asocian a la "voz de Catalunya" y no hay otra voz que suene como "catalana".

Y no solo es eso. Ese 18% será el que hay entre la población general, pero en el establishment el porcentaje se invierte. Y el establishment son los dueños de la opinión pública (y de las normas y leyes que se han de cumplir). Solo hay que ver como ese porcentaje minoritario es el que monopoliza la temática de las tertulias o columnas de opinión en prensa y radio catalanas. Solo hay que ver como los políticos, a escondidas o a bombo y platillo, y tanto de ERC como de SI, CiU o PSC fueron a votar (Artur Mas, Jordi Pujol, Antoni Castells, Joan Rigol, Xavier Trias, Oriol Pujol, Ricard Gomà, Jordi Carbonell, Joana Ortega, Ferran Mascarell, Andreu Mas Colell, Heribert Barrera, Boi Ruiz, Pilar Fernández Boza, Antoni Castellà, etc, etc...). Y son estas élites las que se encargan de trasmitir cuál es la "realidad catalana" y cuál no es más que la excepción que puede ser, en el fondo, un 82%, pero que puede sentirse como un "bicho raro" que, si quiere dejar de serlo, ha de "adaptarse".

jueves, octubre 08, 2009

¿Por qué lo llaman "sociedad civil" cuando quieren decir "oligarquías catalanas"?.

En el resto del mundo, la sociedad civil refiere a la ciudadanía. A la "gente de la calle" y sus relaciones, a la persona que ésto lee, a su familia y a su comunidad de vecinos. En Catalunya, no. Aquí el "fet diferencial" alcanza también a esto. Aquí uno ha visto durante años que cuando se referían a la "sociedad civil", los medios de comunicación y políticos, nos estaban hablando de unas gentes con las que uno no se suele cruzar por la calle.

Ahora con el "caso Palau" aún se hace más repetitivamente. Se destaca el peligro que el caso supone porque puede contaminar a toda la "sociedad civil", o las relaciones entre la política y la "sociedad civil", que no deberíamos confundir al señor Millet con el resto de la "sociedad civil", pues es un caso más o menos aislado, o incluso que todo esto es un ataque contra la "sociedad civil".

Porque aquí, Fèlix Millet es uno de los máximos representantes de la "sociedad civil". Yo no sé si el lector es hijo del Presidente de algún banquero, si solía veranear con la "familia Maragall", si el President Jordi Pujol se solía pasar por casa o si come cada verano con Artur Mas. No lo sé. Pero para mí, eso no es muy representativo de la normalidad entre la ciudadanía catalana.

Lo que se llama aquí "sociedad civil", no es sino lo que en otros lugares se conoce como "oligarquías". Esto es, unas élites de poder, que por encima del poder político, que en teoría es elegido democráticamente, mueven resortes, quitan y ponen al gusto. Son gentes, "familias", que están ahora y estaban antes. Son unos 400, "y siempre somos los mismos" como dijo el propio Millet. Y sólo hay que ver su procedencia cultural y social. (que curiosamente coincide con la que conforma el Parlament, y que es muy diferente a la que conforma "la calle").

Así uno no se extraña, que cuando los medios hablan de la "sociedad civil" se de por hecho, que toda la catalana tiene un sentimiento fuertemente nacionalista, cuando sólo un 16% de la población no se considera español. O que sólo refiriéndose a la lengua catalana se hable de "nostra llengua" cuando un 43% considera que su
lengua propia es el castellano.

O sea que, considerando como "sociedad civil" aquello que no es más que oligarquía, unos centros de poder económico-social, lo que desaparece en el silencio es precisamente la "sociedad civil" real, aquella que ni come, ni se va de vacaciones con los presidentes. Para Touraine, la "sociedad civil" distinguida frente a la política, era el requisito previo para la democracia. Pero si el poder político y la "sociedad civil" pertenecen en realidad a un sólo y reducido núcleo de personas, la democracia real se diluye. Porque sólo algunos tienen acceso continuo a los medios de comunicación y en realidad, en las elecciones, lo que estamos es eligiendo cual de estas opciones precocinadas (en el Liceo, el Orfeó, La Caixa...) nos parece más aceptable.

Y aún peor, si por ejemplo, dentro de estas oligarquías poderosas y de espaldas a la diversidad social, hay un consenso de fondo de ciertos temas, como por ejemplo un proyecto de construcción "nacional" que implica la puesta en marcha de una "inmersió" y el arrinconamiento del castellano al ámbito familiar (lo que conlleva, a su vez, la consideración de la "llengua" como tema intocable, y la criminalización de aquel que lo ponga en cuestión publicamente). Si éste consenso existe entre las diversas tendencia entre las que se reparten el poder, la democracia real se nos diluye.



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lunes, septiembre 28, 2009

La Cataluña Feudal


El escándalo del Palau deja en evidencia la precariedad de nuestros mecanismos de control institucional, la falta de supervisión de las cuentas públicas a pesar de las numerosas instituciones existentes para fiscalizarlas, la poca asunción de responsabilidades cuando se pone de manifiesto el incumplimiento de nuestra función, y un sistema de élites feudal.

¿Hubiera sido posible no detectar el gran fraude si Fèlix Millet no formara parte del Partenón social catalán, de la Cataluña feudal que hereda cargos, prebendas y respetabilidad pública?, ¿si Millet no fuera puro Gotha local?

En libro L'oasi català, Andreu Farràs y Pere Cullell hablaban de las
cien familias que se reparten el poder. Una idea compartida por el propio Fèlix Millet Tusell, que les decía a los autores: "Somos unos cuatrocientos y siempre somos los mismos", citando como lugares de encuentro el Orfeó Català, el Círculo del Liceo, la tribuna del FC Barcelona y La Caixa.

Los mismos desde el colegio (antes Virtèlia o Jesuitas), pasando por el club deportivo, el lugar de veraneo y el consejo de administración.

Millet había simultaneado sus cargos en el Palau con su presencia en una quincena de fundaciones culturales, empresariales y deportivas. Fue Josep Lluís Núñez, necesitado de pedigrí, quien le pidió que se incorporara a la junta para llevar adelante la Fundación del FC Barcelona y allí continuó Millet con Joan Gaspart a pesar de haberse presentado en la candidatura de Bassat. ¿Quién no iba a aprovechar el centro negocios y contactos que representa la entrada a tribuna?

¿Por qué acudió Núñez a Millet? Por su pata negra catalanista. A Fèlix Millet Maristany, padre del Millet ahora en apuros, el Generalísimo le llamaba el catalán cuando era el presidente del Banco Popular durante el franquismo. Como presidente del Orfeó, Millet Maristany protagonizó algunas de las páginas más significativas de la reivindicación catalanista durante la dictadura. Els fets del Palau tuvieron como consecuencia el consejo de guerra a Jordi Pujol. Fèlix Millet tiene dos hermanos: Joan, que fue consejero de Banca Catalana con Jordi Pujol, y Xavier, candidato de CiU en 1979 a la alcaldía de Barcelona en las primeras elecciones municipales, cuando Pujol lo colocó como candidato salomónico entre Ramon Trias Fargas y Miquel Roca.

(...)

Una democracia y una economía sólidas sólo pueden basarse en la meritocracia, en las élites que lo son por el mérito, la inteligencia, la capacidad y el esfuerzo. Lo demás es feudalismo.

Artículo de ESTHER VERA para El País 24/09/2009

Artículo completo.
El País 24/09/2009