Asisto asombrado a la cantidad de páginas y horas de televisión y radio dedicadas al nuevo proyecto político independentista Reagrupament de Joan Carretero. Informaciones, seguimiento, entrevistas. Está muy bien, considero que el votante debe estar al tanto de las alternativas.
Sin embargo me ha hecho recordar el surgimiento de Ciutadans. El silencio absoluto.
Me ha hecho recordar a Mònica Terribas, el día de su entrada en el Parlament intentando fingir falsamente sorpresa, por algo que todas las encuestas indicaban (aunque silenciaban) y la Terribas conocía perfectamente. Llegaba al Parlament un partido que en teoría no existía.
Algunos inocentes (o no tanto), nos dijeron a posteriori, que el motivo era que Ciutadans, antes de las elecciones, no era un partido con "representación" parlamentaria. Tampoco lo es Reagrupament. Y después de serlo, de llegar a tener representación, el cambio fue de un silencio absoluto, a unos ligeros y escasos susurros, casi siempre para difamar. Alguien debería comparar el minutaje de Ciutadans o los diputats del Grupo Mixto (ex-Ciutadans), que tienen representación parlamentaria, con el minutaje en los distintos medios, de Reagrupament, que no lo tienen. Y eso hoy.
Me ha hecho pensar, que puesto que Reagrupament también conviene poco al establishment partitocrático, y sin embargo están continuamente presentes en los medios, debe haber otra diferencia, algo más profundo, algo que hacía mucho más peligroso al movimiento Ciutadans (desgraciadamente, hoy casi desactivado) que a este movimiento Independentista. Pero la respuesta ya la sabemos. El establishment al que molestaba Ciutadans es mucho más poderoso. No está en el Parlament (o sólo en parte) aunque lo dirige, sino en "los círculos del Liceo y del Ecuestre, el consejo asesor de la Caixa, la junta del G-16 o la tribuna del Barça". .
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