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lunes, diciembre 17, 2012

El Mesías y la cohesión social (La Vida de Brian)

En este momento en Catalunya, con voces mesiánicas y manifestaciones multitudinarias, cuando la disidencia está peor vista (el "yo no" del vídeo) y el significado del término diferencia (somos diferentes frente a lo "español", pero aquí todos idénticos) se prostituye y se convierte en coartada para fomentar la uniformidad ( el "¡todos somos diferentes!") es más pertinente que nunca el siguiente vídeo de la genial película La Vida de Brian, película que debería ser temario obligatorio en todas las escuelas.

BRIAN: ¡No tenéis por qué seguirme!¡No tenéis por qué seguir a NADIE! ¡Tenéis que pensar por vuestra cuenta! ¡Cada uno es un INDIVIDUO!
MULTITUD: ¡Sí, cada uno es un individuo!
BRIAN: ¡TODOS sois diferentes!
MULTITUD: ¡Sí, todos somos diferentes!
VOZ ENTRE LA MULTITUD: Yo no.

miércoles, abril 27, 2011

Una, Gran i Lliure.



No entiendo que la gente de ERC se espanten tanto cuando oyen hablar de la "Unidad" de España y lo consideren como algo "antidemocrático" cuando en sus Estatutos como partido (y directamente en su primer artículo) desean lo mismo para su Estado soñado:
Article 1
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) és un partit polític fundat el 1931 que propugna la unitat territorial i la independència de la Nació Catalana, de Salses a Guardamar i de Fraga a Maó, mitjançant la construcció d’un estat propi en el marc europeu i l’assoliment d’una societat justa i solidària, sense desigualtats entre les persones i els territoris.
El agravante, además, es que de la realidad que habla ERC es sus Estatutos, no es el de una realidad sancionada democráticamente, como es el caso de España, sino la de una construcción que ellos han unificado, sin permiso democrático de las entidades que se ven afectadas.

lunes, enero 18, 2010

La revuelta de los catalanes.

por Antonio Elorza.

"(...)Suele decirse que la tragedia reaparece en la historia como caricatura, pero también en ocasiones la caricatura anticipa la tragedia. Recuerdo una discusión sostenida hace 10 años en Ohio con Rubert de Ventós, donde el filósofo socialista expuso la necesidad de la independencia evocando una serie de rasgos y voluntades de Catalunya, en oposición radical a España. Aprovechando que él mismo había comenzado, a costa de Lenin, rechazando la idea de que un hombre pretendiera sustituirse a un pueblo, le pregunté por qué medios Catalunya se le manifestaba, cuando el independentismo era muy minoritario y la doble identidad catalano-española prevalecía siempre en las encuestas. Desde que la caja de Pandora del nuevo Estatuto ha sido abierta, el recurso a esa sustitución ha crecido exponencialmente. Cualquier observador que ahora descubriera el tema,
pensaría que allí no existen opiniones plurales ni distanciamientos del radicalismo, y que Cataluña es como Eslovenia a la hora de situarse frente al Estado cuya incomprensión, según leemos en "La dignidad de Cataluña", produce entre los catalanes "un creciente hartazgo". "España se resentirá de un recorte", advierte Montilla, convertido en paladín de la identidad política unitaria. El que avisa, no es traidor. ¿O sí?

El riesgo político de semejante actitud resulta innegable, pero casi es más preocupante el sesgo totalista, de imposición desde una parte de la sociedad de un comportamiento y de un discurso unitarios, suprimiendo todo pluralismo. Desde que un partido catalanista pero no-nacionalista, el PSC, cruzara el Rubicón y alineándose con la visión uniforme de Catalunya, desaparecen las posibilidades de un intercambio de ideas y de un debate de proyectos con los sectores catalanes no nacionalistas, y por supuesto con cualquier español que no acepte de entrada en su totalidad lo que "Catalunya" quiere y exige. No existen matices, ni diferenciación de temas. Puedes defender, como es mi caso, que Catalunya es una nación, y que esto legitima demandas de asimetría en la configuración del Estado. Pero si estás en desacuerdo con el principio de bilateralidad, o los posibles privilegios de la financiación, queda cortado el puente aéreo (véase Unzueta). No es que Montilla y los suyos se encuentren en la estratosfera, como dice Guerra; están como los personajes de Juan Marsé "encerrados con un solo juguete". Y esto es pésimo para el conjunto de los españoles, para ellos mismos y para la democracia.(...)"

Fuente: El País 16 de enero 2010.

sábado, mayo 16, 2009

¿Debe jugar el Barça la Copa del Rey?


El nacionalismo al ser la concepción de la organización política dominante hasta el día de hoy, se nos cuela en las formas de pensar y ordenar la realidad sin que nos demos cuenta. Y debe ser función del no-nacionalismo denunciar cuando esto pase.

Y hay algunas críticas que se han hecho a la pitada al himno en la final de Copa del Rey, que pueden ser entendidas si partimos de premisas nacionalistas, pero no de quien no las tiene. Por ello es una crítica que tiene mucha lógica para el “españolista” o para el nacionalista períférico (que se ve desarmado ante la fuerza del argumento, y por ello lo elude) pero sólo es admisible si admitimos como cierta una concepción nacionalista.

Ésta “lógica” nacionalista es la misma que niega la pluralidad y aborrece de la falta de uniformidad. Por ello se esconde, con el intento de censura de TVE, la realidad de la pitada (se aborrece ver que haya quién no se siente “español”) o se dice, desde medios catalanistas, que los “catalanes” mostraron su descontento (cuando si acaso serán los “culés” y además, una parte de ellos). Se utiliza lo que en retórica se conoce como
sinécdoque para engañar.

Y el argumento que decía, desde el españolismo (consciente o no) viene a decir;

“Es ilógico pitar al Rey, cuando se acepta jugar la competición que lleva su nombre, lo lógico es, si no se considera que se forma parte de España, no jugar competiciones españolas”

Y eso sería un argumento irrefutable en el caso de que el Barça (o en su caso el Athletic) fuesen eso que algunos nacionalistas pretenden. Es decir, un equipo no español, o en el que sus seguidores no se sienten españoles.

Pero es obvio que eso no es así, es normal que el Barça juegue la Copa del Rey, al menos mientras Barcelona pertenezca a España y en España haya Rey. Y habrá seguidores que no se sienten representados por España, o por el Rey, y no dejan por ello de ser del Barça y querrán que gane todas las competiciones que juega, como los hay que se sienten plenamente españoles, los hay incluso que no son ni catalanes, y eso no los hace menos “culés”. Por cierto, aficionados "culés" los hay incluso en la China Popular, donde muchos, difícilmente entiendan por qué se silbaba al comienzo del partido. Ni falta les hace.