El nacionalismo catalán no puede ser "facha". Eso es un dogma y peligroso. Se ha creido que como la dictadura franquista se basaba en un profundo nacionalismo español, cualquier respuesta a dicho nacionalismo es democrática y anti-totalitaria. Y como lo más contrario al nacionalismo español pudiera parecer que son los nacionalismo periféricos, éstos son "liberadores". Pero nada más absurdo. Lo que refuta al nacionalismo español es el anti-nacionalismo del no-nacionalista y no otro nacionalismo, que no deja de ser el mismo perro con distinto collar.
Albert Camus desconfiaba de las llamadas "revoluciones", pues como bien dice la etimología de la palabra, una "revolución" es un giro de 360º, y en dicho giro (al contrario del giro de 180º) de lo que se corre es el riesgo de dejar las cosas tal y como estaban.
Por ello es inconsistente la postura de aquel nacionalista que defiende siempre como legítima cualquier "discriminación positiva" amparada en abusos pasados. Lo malo es que es la postura generalizada en nuestra sociedad, en la que vemos que cualquier denuncia de una "pasada de la raya" por parte del nacionalismo acaba de forma automática en la criminalización de quien la hace y por supuesto en la calificación auomática de "españolista". De ello se deriva a su vez, la tesis dogmática de que no existen no-nacionalistas, de que los que se llaman así mismos así son nacionalistas españoles disfrazados (se supone que por algún motivo, acomplejados).
El resultado de esta posición es una espiral, donde los "más nacionalistas" van empujando a los que lo son más moderadamente en una caida en vacío donde o se aceptan sus tesis o es que se es españolista y donde cualquier abuso, por discriminatorio que sea, siempre estará justificado.
Albert Camus desconfiaba de las llamadas "revoluciones", pues como bien dice la etimología de la palabra, una "revolución" es un giro de 360º, y en dicho giro (al contrario del giro de 180º) de lo que se corre es el riesgo de dejar las cosas tal y como estaban.
Por ello es inconsistente la postura de aquel nacionalista que defiende siempre como legítima cualquier "discriminación positiva" amparada en abusos pasados. Lo malo es que es la postura generalizada en nuestra sociedad, en la que vemos que cualquier denuncia de una "pasada de la raya" por parte del nacionalismo acaba de forma automática en la criminalización de quien la hace y por supuesto en la calificación auomática de "españolista". De ello se deriva a su vez, la tesis dogmática de que no existen no-nacionalistas, de que los que se llaman así mismos así son nacionalistas españoles disfrazados (se supone que por algún motivo, acomplejados).
El resultado de esta posición es una espiral, donde los "más nacionalistas" van empujando a los que lo son más moderadamente en una caida en vacío donde o se aceptan sus tesis o es que se es españolista y donde cualquier abuso, por discriminatorio que sea, siempre estará justificado.

