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jueves, enero 17, 2013

¿Basta la dimisión de Duran i Lleida?

La resolución del caso Pallerols, con la aceptación por parte de los acusados y de Unió de que el partido fue financiado con dinero público,dinero que estaba destinado a la formación de parados, ha provocado que todos los partidos, excepto CiU, pidan (con la boca pequeña o a pleno pulmón. según los casos) la dimisión de Duran i Lleida. Y aunque la subvencionadísima prensa catalana ha pasado por el tema lo más de puntillas que ha podido y se empiezan a olvidar de ello lo más rápido que pueden, el hecho de que haya muchos desde el independentismo que se la tienen jurada al líder democristiano (por no secundar claramente la deriva secesionista) no ha contribuido a ese olvido.

La pregunta es si eso, su dimisión, basta o habría que ir más allá. Desde luego usar fondos destinados a parados para lucrar a un partido, cuando los partidos están, en teoría, para beneficio de la colectividad y se les supone ejemplos morales, no puede ser más ruin y desautoriza a sus dirigentes para actuar como representantes de la ciudadanía. Pero aquí hay muchos que aprovechando que el foco está puesto sobre aquel que decía que los parados andaluces se gastaban los subsidios “en el bar” (se supone que por ello él pretendía darle “mejor fin” a esos fondos y vio a su partido como más necesitado), se han apartado discretamente y no están libres, sino de culpabilidad sí de una responsabilidad sospechosa... 

Primero, Unió no es un partido ajeno al gobierno es, quiérase o no, parte de CiU, el partido del gobierno, y que este partido sea o no una coalición es cuestión de ellos y su funcionamiento interno -puesto que no es posible votar a UDC y no a CDC-. La responsabilidad política por lo tanto afecta a toda la coalición, y es la coalición la que ha de dar explicaciones y dirimir responsabilidades por los hechos.

Después se ha de explicar el por qué del pacto con el fiscal que pone en libertad a los culpables pagando menos de lo que presumiblemente se ha desviado. Lo cual es asombroso, pues supone que si un ladrón roba, por poner el caso 60.000 euro, pueda ser juzgado 16 años después, sin condena pagando la mitad (es decir, negocio redondo pues uno queda libre con el beneficio de 30.000€). Lo inexplicable es que la propia Generalitat, causa en el proceso, acceda a ese pacto, es decir, a que quede impune el castigo con el simple pretexto de que se devuelve una parte de lo robado. ¿cómo es esto posible? ¿cómo es que no se exigen explicaciones?

Pero la cosa no queda en la Generalitat, porque también ha aceptado el pacto, el Fiscal (nombrado por el Estado) y la Abogacía del Estado ¿cómo es posible? Hay que recordar que el PP ya amnistió el año pasado a los condenados de este mismo partido, Unió, por el “caso Turismo”. 

Generalitat y Estado representan los intereses de los ciudadanos y, en lugar de defenderlos, se han plegado a esta vergonzosa componenda que deja libres a los corruptos y a los beneficiados con el dinero de los parados con gran parte del beneficio. ¿Qué intereses ocultos quedan detrás de esta impunidad que se acepta tanto por parte de la Generalitat como por parte del Estado?

jueves, enero 20, 2011

El no-nacionalismo en el Senado.

Este pasado martes ha sido un día histórico para el Senado y en general para las instituciones españolas. Y me refiero al hecho de que, por primera vez y con normalidad, en el Senado se puedan utilizar las diferentes lenguas oficiales. Hay quien pueda pensar lo contrario, pero se trata, creo, de un gran triunfo del no-nacionalismo.

Es una magnífica noticia, que el Senado respete y reconozca las identidades culturales de todos en igualdad, aunque todavía limitada. Yo soy de los que piensa que no solo la "cámara de representación", sino también el Congreso -que también es una "cámara de representación"- debería visualizar la pluralidad y riqueza lingüística del país.

La principal objeción se ha referido al gasto que supone el mantenimiento de la traducción simultánea. Entiendo las reticencias, estando metidos en la crisis que estamos, pero dicho gasto no solo es irrisorio, teniendo en cuenta que hablamos de un Estado, sino que, según dicen, supone solo el 1% del total del presupuesto del Senado.

Conseguir el mismo efecto pedagógico que a la larga producirá la medida, tendría un coste muchísimo más elevado y unos resultados seguramente más cuestionables.

El catalán se hace oír en el Senado por primera vez en democracia

CiU y PNV dicen que el gasto por usar el catalán, el vasco y el gallego en el Senado es "poco importante"

viernes, enero 30, 2009

Democracia y votaciones.

Hay que ser muy poco lúcido para pensar que el hecho de que un sistema se haya sometido a votación lo convierte automáticamente en más democrático.

Un sistema es más democrático en cuanto permita convivir diferentes sensibilidades juntas y las pueda estructurar con mayor o menor aceptación general.

Un Estado que margina a la mitad de la población no es democrático, por mucho que haya estado refrendado por las urnas. De hecho, "democracia" significa "poder del pueblo" -de todo el pueblo, se supone- y no "poder del voto". La votación es sólo un método necesario para la democracia (la "expresión" del pueblo), pero en absoluto es lo que la define.

Así, si ahora en un referéndum se decidiese por una mayoría católica, la obligatoriedad de la religión católica en todos los ámbitos, sería por "una mayoría" pero no sería algo democrático. Y lo digo porque hay países "democráticos" donde esto sucede, donde son discriminados legalmente personas por su religión, lengua, orientación sexual, o simplemente por nacer mujer.


También es curioso que muchos "nacionalistas" defiendan con tanto ímpetu esta "libertad" la posibilidad de elegir, (que al ser así decide una mayoría por todos) y en cambio tengan tanta alergia a que los padres decidan si la lengua vehicular de sus hijos es el catalán, el castellano o ambas (sin perjuicio, claro, de que la "llengua catalana" y la "lengua española" en cuanto materias sigan siendo obligatorias) cuando en esta decisión cada uno decide por sí mismo, y la decisión del vecino no le afecta a uno.

Son democráticos sólo para lo que les interesa.

Después de todo el "Referéndum" no deja de ser el método de votación favorito de las dictaduras. Y lo es por un motivo. El poder está en quién formula la pregunta. Si tienes el poder para formularla, no hace falta ser muy hábil, para acabar dictando hacia dónde debe ir la sociedad.

lunes, enero 12, 2009

Defender al Estado no es nacionalismo.

Me cansan los absurdos ataques que se hacen, desde la ignorancia o la mala fe, a la concepción de las instituciones de UPyD, Ciutadans o de aquellos que las comparten. Se basan en un simplismo mental, incapaz de asumir la más mínima complejidad conceptual, que dicta "España=españolismo, Catalunya=catalanismo" y que nos llevaría a la compleja paradoja de que quien defiende a la vez España y Catalunya es un "nacionalista catalán españolista".

Defender al Estado no es nacionalismo. El Estado es la institución o conjunto de ellas que nos habilita como ciudadanos. El Estado es la representación de la sociedad civil.

Defender un modelo de Estado concreto no es tampoco nacionalismo, es lo lógico en una sociedad democrática. Uno puede creer que la mejor forma de organización para una sociedad concreta es una u otra. No es nacionalismo defender una concepción del Estado republicana, o monárquica, liberal, conservadora, comunista o capitalista, federal o incluso la creación de nuevos Estados (independentismo) a partir de uno pre-existente.


Apelar al Estado o a sus instituciones (Generalitat incluida), al que existe hoy, al Estado español, que es el que nos da la igualdad y la libertad, no es nacionalismo, es apelar a que nos defienda la Ley ante la desigualdad y la injusticia. Es apelar el Estado de Derecho.

El Estado, cuando acepta la diversidad de sus ciudadanos y se define como institución fuente de derecho y no se define etnico-culturalmente, no supone nacionalismo, al contrario, lo anula.

El nacionalismo se define por la identidad, no nos hace a todos "iguales" ante la ley. Sólo a los que coinciden con la "identidad" que "ellos" dictan. Y si tu identidad personal es otra o la cambias o quedas excluido.

La desigualdad identitaria es una de las desigualdades ante las que podemos pedir la defensa de las instituciones y esa desigualdad identitaria, sí es Nacionalismo venga desde entidades estatales o infra-estatales.


Por todo ello se puede ser independentista y no ser nacionalista, sólo que eso aquí, en Catalunya, no se da. Los que quieren la independencia lo justifican por motivos identitarios o étnicos, cosa que es radicalmente nacionalista, mientras que el no-nacionalismo defiende que un ciudadano lo es porque es un derecho que le da la ley, tenga la identidad que tenga.

Así ser español más que un deber, es un derecho. El derecho a la ciudadanía. Si alguien quiere renunciar a esa ciudadanía puede hacerlo, pero no nos puede obligar al resto (de catalanes o vascos que queremos seguir teniendo ese derecho) a renunciar a él. En todo caso sólo si nos convencen de que otra conformación Estatal es mejor y fundamos un nuevo Estado Independiente que nos defienda, pero esto por el camino identitario lo tienen difícil en una sociedad con identidades plurales como la catalana.


lunes, septiembre 08, 2008

Lo que nos debe dar la cohesión es la Ley.

A vueltas con la "cohesión", y contra aquellos que ven necesario la "uniformización" para conseguirla. Es decir, que piensan que para que Catalunya sea un pueblo se ha de acabar con su diversidad, no está de más recordar lo que decía Habermas, en el celebre debate Ratzinger-Habermas.


···

Sólo un Estado de Derecho sin democracia, al que en Alemania estuvimos acostumbrados durante mucho tiempo, sugeriría una respuesta negativa a la pregunta de Böckenförde:

“¿Cómo podrían vivir pueblos estatalmente unidos, cómo podrían vivir, digo, sólo de la garantía de la libertad de los particulares, sin un vínculo unificador que anteceda a esa libertad?”

La respuesta es que el Estado de Derecho, articulado en términos de constitución democrática, garantiza no sólo libertades negativas para los miembros de la sociedad que, como tales, de lo que se preocupan es de su propio bienestar, sino que ese Estado, al desatar las libertades comunicativas, moviliza también la participación de los ciudadanos en una disputa pública acerca de temas que conciernen a todos en común.

El “lazo unificador” que Böckenförde echa en falta es el proceso democrático mismo, en el que, en última instancia, lo que queda a discusión es la comprensión correcta de la propia constitución.

Jürgen Habermas
“Las bases morales prepolíticas del Estado liberal”