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miércoles, enero 14, 2015

Terrorismo islámico, terrorismo independentista.

Por más que algunos occidentalófilos y muchos tontos de tertúlia repitan que lo del terrorismo islámico es una guerra abierta contra Occidente, esto no va a pasar a ser verdad. Es más bien ridículo cuando en la misma semana del atentado del 'Charlie Hebdo' en Nigeria han muerto 30 personas en atentados islamistas, utilizando para ello a tres niñas bomba. Podrían decir, al menos, que la guerra es contra los valores occidentales, pero solo partiendo de un eurocentrismo inadamisible (que ellos precisamente dicen repudiar) según el cuál adjudicáramos a occidente los valores universales, se puede afirmar algo así. Es el islamismo, con una tendenciosidad interesada, el que puede hablar de "valores occidentales" refiriéndose a la libertad religiosa y de expresión. Pero si aquí se impusiesen los "valores occidentales" lo que habría no sería libertad, sino Estados fundamentalistas católicos.


Lo que quiere el fundamentalismo islámico es imponer la sharía, es decir, las leyes islamistas a los Estados (sean occidentales u orientales). Es decir, que su identidad religiosa sea asumida por las instituciones y prevalezca sobre todos, acabando con la separación iglesia-estado y acabando con las libertades individuales (religiosas, morales o axiológicas) y con la neutralidad a la que se deben las instituciones respecto a las identidades de los ciudadanos (identidad religiosa, cultural, ideológica). Es decir, contra uno de los mayores logros de la civilización (que viene de ciudad y ciudadano) que es precisamente la de hacernos "ciudadanos", tengamos la identidad que tengamos, y no meros miembros de un "pueblo" (el pueblo islámico, el pueblo israelí, el pueblo ario...).


Todo terrorismo dice hablar en nombre de la Libertad que ahora tantos han salido a defender con el  "Je suis Charlie". Pero no en nombre de la "libertad de expresión" (occidental según ellos) sino en la nombre de una libertad colectiva, la libertad de su pueblo, en este caso la libertad del pueblo islámico ("Estado islámico" es el nombre del mayor grupo terrorista actual) que está por encima de cualquier libertad individual (como pueda ser la de que puedas expresar creencias contrarias a las colectivas). 

Por todo ello, no es sólo que sea inoportuno y una salida de tono (un intento de meter una cuña para hablar de lo mío sin que se note demasiado) que Artur Mas diga en París, manifestándose por los atentados; "i quan dic la Llibertat la dic en majúscules, perquè és un valor de civilització que ens uneix a tots els europeus, però també les llibertats, que vol dir les individuals i les col·lectives, que no es poden destriar unes de les altres". No es solo un mal chiste, es que precisamente esos que han atentado lo han hecho en defensa de "sus libertades colectivas", escrito así, con el posesivo "sus" porque las libertades colectivas, fijémonos, nunca son las "libertades de todos", sino las libertades que unos (islamistas, nacionalistas...) definen que han de ser para todos. Y eso necesariamente choca contra los ciudadanos que no coinciden con esas "libertades" (así pues, no sólo libertades individuales y colectivas sí son "destriables", es que se oponen). Definir una "nación" como "islámica" no es ninguna libertad, es lo contrario. Pero de la misma forma, definir una nación en la que conviven dos lenguas propias, por UNA lengua, UNA cultura y UNA identidad, no es ninguna libertad "colectiva" (y cuando se le ponen apellidos a un valor hay que empezar a sospechar) sino una forma de intentar uniformizar, es decir, acabar con unas libertades.

Aquí en Cataluña  también hemos sufrido el terrorismo (y no sólo el etarra, también nuestro propio terrorismo alliberador). La triste diferencia con Francia, es que en Francia a nadie se le ocurriría decir que no sólo es responsable el terrorista, sino también quien provoca las causas que lo originan (vamos, sería culpar a los dibujantes por provocar) ni exigir diálogo con el islamismo porque, aunque los medios sean equivocados, hay que comprender sus motivos. 

Porque tener una religión individualmente es legítimo, convertirla en islamismo, (religión de las instituciones), no lo es porque va contra la libertad (y la vida cuando se convierte en islamismo terrorista).
...y aquí nunca comprendimos que tener una identidad es legítimo (e inevitable) pero convertirla en nacionalismo (identidad de las instituciones) no lo es, porque va contra la libertad (y la pluralidad de identidades).

martes, julio 16, 2013

Hannah Arendt y el mal radical de...¿Pueblos o personas?.

Hannah Arendt judía alemana Hay en las pantallas una muy recomendable película sobre una de las pensadoras más fundamentales del siglo XX, Hannah Arendt. La película, de Margarethe von Trotta relata el proceso en Israel al nazi Adolf Eichmann, que le sirvió para escribir uno de sus libros más importantes, y sin duda el más famoso.

Una virtud de la película es hacernos ver, con Arendt, dos importantes cosas. Primero que, incluso en un ejemplo tan radical como es el nazismo, no se puede hablar de grupos (pueblos, naciones, culturas, etc...) buenos y grupos malos. No se trata de que los alemanes fuesen malos y los judíos buenos. Cualquiera puede comportarse mal (o bien) si las circunstancias le dan la oportunidad, es la condición humana y son personas concretas las "culpables" o las "heroicas" en las respuestas a dichas circunstancias. Después, que el maniqueísmo del grupo (nacionalismo) es tal, que denunciar algo así puede lanzar contra ti todas las presiones del mundo, incluso de los que creías tus amigos. Es mucho más fácil y confortable tener la explicación del blanco y negro de que "el otro" es el malvado, y "nosotros" estamos justificados a todo y legitimados, como víctimas, por ello.

Hannah Arendt, judía que sufrió la represión nazi y tuvo que escapar de un campo de concentración, fue acusada de antisemita, de nazi y repudiada y marginada por muchos. Su postura no puede ser más actual y "posnacional":

"Nunca en mi vida he 'amado' a ningún pueblo o colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés ni al americano, ni a la clase trabajadora ni a nada de este orden. En realidad yo solo 'amo' a mis amigos, y soy incapaz de cualquier otro amor. Pero es que además, este amor a los judíos, siendo como soy judía, a mí me resultaría sospechoso" (Hannah Arendt)




miércoles, febrero 24, 2010

Sobre las banderas.



"A mi dadme sábanas, para hacer el amor sobre ellas."

Iván Tubau.

viernes, octubre 02, 2009

Zenón el estoico; Una Ley para todos.

"No deberíamos vivir en estados o poblaciones divididas y cada uno con su derecho, sino creer que todos los hombres son nuestros compatriotas y conciudadanos; no debería haber más que una forma de vida y un orden estatal, del mismo modo que un rebaño común se cría según una misma ley"

Zenón de Citio (334 a.c. - 260 a.c.)
Politeia

martes, septiembre 01, 2009

Preguntas al nacionalismo periférico.

Tengo una pregunta (en tres) para el nacionalismo periférico ;

¿Por qué no soportáis que puedan existir no-nacionalistas? ¿por qué tanta rabia? ¿por qué los nacionalistas periféricos odiáis más a los no-nacionalistas que a los nacionalistas españoles?

Tengo mis propias ideas de por qué es así. El no-nacionalismo deja al pensamiento nacionalista desnudo, mostrando todas sus flaquezas y contradicciones, sin defensa posible. Y es que, como suele decir Félix Ovejero el nacionalismo, intelectualmente, no tiene "media hostia".

La única salida que le queda, típica y tópica, es negar que exista el no-nacionalismo, afirmando que quien dice serlo no es más que un "españolista disfrazado" Pero este argumento es claramente falaz, primero porque entre el no-nacionalismo puedan encontrarse casos de "nacionalistas" disfrazados no niega que no se pueda ser no-nacionalista, y no niega que el resto de no-nacionalistas no lo seamos, sólo nos dice que esa persona en concreto es un "españolista disimulando serlo" (y otra cuestión sería preguntarnos por qué pasa esto, por qué los nacionalistas periféricos gritan al mundo que lo son, y los españolistas -exceptuando a los directamente fascistas- tienen esa necesidad de "ocultarse").

Pero además es que, ni aún encontrando algún matiz concreto que pueda resultar "nacionalista" a nuestro parecer en ciertas teorías no-nacionalistas, tampoco niega la posibilidad lógica de poder ser no-nacionalista, simplemente se dice que en esa cosa en concreto no se está siendo coherente, y que se ha de cambiar ese aspecto pues no es sostenible.


Relacionadas:

¿Es posible NO ser "Nacionalista"?
¿Es Neutral el Nacionalismo?
Anti-Nacionalismo y No-Nacionalismo.
(Se trata de las tres partes del artículo:
"Anti-Nacionalismo y No-Nacionalismo en la era PostNacional.")

lunes, enero 12, 2009

Defender al Estado no es nacionalismo.

Me cansan los absurdos ataques que se hacen, desde la ignorancia o la mala fe, a la concepción de las instituciones de UPyD, Ciutadans o de aquellos que las comparten. Se basan en un simplismo mental, incapaz de asumir la más mínima complejidad conceptual, que dicta "España=españolismo, Catalunya=catalanismo" y que nos llevaría a la compleja paradoja de que quien defiende a la vez España y Catalunya es un "nacionalista catalán españolista".

Defender al Estado no es nacionalismo. El Estado es la institución o conjunto de ellas que nos habilita como ciudadanos. El Estado es la representación de la sociedad civil.

Defender un modelo de Estado concreto no es tampoco nacionalismo, es lo lógico en una sociedad democrática. Uno puede creer que la mejor forma de organización para una sociedad concreta es una u otra. No es nacionalismo defender una concepción del Estado republicana, o monárquica, liberal, conservadora, comunista o capitalista, federal o incluso la creación de nuevos Estados (independentismo) a partir de uno pre-existente.


Apelar al Estado o a sus instituciones (Generalitat incluida), al que existe hoy, al Estado español, que es el que nos da la igualdad y la libertad, no es nacionalismo, es apelar a que nos defienda la Ley ante la desigualdad y la injusticia. Es apelar el Estado de Derecho.

El Estado, cuando acepta la diversidad de sus ciudadanos y se define como institución fuente de derecho y no se define etnico-culturalmente, no supone nacionalismo, al contrario, lo anula.

El nacionalismo se define por la identidad, no nos hace a todos "iguales" ante la ley. Sólo a los que coinciden con la "identidad" que "ellos" dictan. Y si tu identidad personal es otra o la cambias o quedas excluido.

La desigualdad identitaria es una de las desigualdades ante las que podemos pedir la defensa de las instituciones y esa desigualdad identitaria, sí es Nacionalismo venga desde entidades estatales o infra-estatales.


Por todo ello se puede ser independentista y no ser nacionalista, sólo que eso aquí, en Catalunya, no se da. Los que quieren la independencia lo justifican por motivos identitarios o étnicos, cosa que es radicalmente nacionalista, mientras que el no-nacionalismo defiende que un ciudadano lo es porque es un derecho que le da la ley, tenga la identidad que tenga.

Así ser español más que un deber, es un derecho. El derecho a la ciudadanía. Si alguien quiere renunciar a esa ciudadanía puede hacerlo, pero no nos puede obligar al resto (de catalanes o vascos que queremos seguir teniendo ese derecho) a renunciar a él. En todo caso sólo si nos convencen de que otra conformación Estatal es mejor y fundamos un nuevo Estado Independiente que nos defienda, pero esto por el camino identitario lo tienen difícil en una sociedad con identidades plurales como la catalana.


lunes, enero 05, 2009

Azaña, el ideal de "ciudadanía" frente a la Nación identitaria.

Rescato un fragmento de la reseña que Álvarez Junco dedica a la biografía de Azaña recientemente publicada por el admirado Santos Julià.
El fragmento nos muestra a un Azaña precursor del ideal de "ciudadanía" frente a la idea étno-cultural de Nación que defiende el nacionalismo. Un ideal que ha debido esperar 80 años para que empiece a ser reconocido y defendido en España (y aún así, hoy día, sólo por algunos) y la experiencia del paso previo por un nacionalismo español y su inversión en los nacionalismos periféricos particulizadores que nos demostraban fehacientemente que la exclusión no se soluciona con otras exclusiones inversas.

"Otro aspecto en el que esta biografía pulveriza la imagen acuñada por los enemigos de Azaña es el de su supuesto antipatriotismo. Azaña defiende el sentimiento nacional, pero en la línea de Cicerón o Maquiavelo: como orgullo de pertenecer a una sociedad capaz de dotarse de instituciones libres. La nación, así entendida, es para él un instrumento de modernización.

Las identidades culturales se forjan, sin duda, a lo largo de siglos, pero sólo son naciones modernas cuando se asocia a ellas el sentimiento de soberanía colectiva sobre el territorio que convierte a los súbditos en ciudadanos. De ahí que las naciones, lejos de ser eternas, sean necesariamente recientes, observación en la que Azaña se adelanta a los enfoques hoy dominantes sobre el tema.

La nación en la que él piensa es, además, compleja, y permite el reconocimiento de identidades culturales diversas. Lo que le hace defender el Estatuto catalán (a diferencia de Ortega, que sólo predica "conllevar" el "problema"), como instrumento de modernización, como avance hacia la adecuación del Estado a la realidad social. Siempre, claro está, que no fomente sentimientos patrióticos basados en la identificación étnica, que responden -en palabras del propio Azaña- a un 'concepto islámico de la nación y del Estado' y cuyo modo de expresión es el 'alarido'."


Fuente: Babelia

miércoles, diciembre 17, 2008

No-Nacionalismo en una frase.

Si se tuviese que explicar en una sola frase lo que es el no-nacionalismo a alguno de aquellos nacionalistas que niegan que pueda existir tal cosa, quizá una buena forma sería:

Es aquella ideología que antepone la ciudadanía y la residencia a la etnicidad y el origen.

El nacionalismo, obviamente, invierte esos términos.

miércoles, diciembre 03, 2008

Nacionalismo ofensivo y Nacionalismo defensivo.

Un importante avance para que llegase a la gente con claridad lo que supone el no-nacionalismo sería que emergiese un nacionalismo español (por supuesto democrático) y sobretodo, declarado.

Claro que ello es muy difícil, dada la situación política hoy, pues a los grandes partidos nacionales (PP y PSOE) les sale más a cuenta la ambigüedad, que puestos a hacer les permite en cualquier momento defender una tesis junto a otra incompatible, o una cosa aquí y otra allá. Más les vale sugerir, de forma que el simpatizante con tendencia españolista siempre verá a su partido como defendiendo sus tesis, aún cuando hagan lo contrario, que siempre puede ser justificado por negación de la evidencia, por creer que las cosas no son lo que parecen o por necesidad práctica del momento. Del mismo modo les podrá votar el nacionalista periférico más moderado (aunque de estos, me temo, cada vez les van quedando menos, pues se van sumando al nacionalismo explícito de los partidos que llamamos "nacionalistas", o les podrá votar una mayoría (presumo) de nacionalismo español tibio o inexistente, un no-nacionalismo, qué se habría de matizar, no siempre es consistente.

Se necesitaría para ello, además, que los políticos que tenemos fuesen a la par de sinceros, valientes, para explicitar sus posiciones y alejarse de ese españolismo acomplejado, que al contrario que todo nacionalismo, en vez de hacer exaltación de sí mismo,en vez de mostrarse, de exhibirse, se esconde y avergüenza de sí mismo. Como el puritano ante los malos pensamientos, que tenerlos los tiene, pero se los niega y se autoflagela por ello.

No se me entienda mal. No niego con eso de que emerja un españolismo democrático que el españolismo ya exista. Incluso que se den muestras claras muchas veces de él. Lo que sucede es que está en un ciclo muy diferente al que encontramos a los nacionalismos periféricos. El nacionalismo periférico es, hoy día un "nacionalismo ofensivo" (lo cual no quiere decir que siempre lo haya sido ni que pueda dejar de serlo). Con "nacionalismo ofensivo" me refiero a que está en fase expansiva, activa (y activista). Busca ganar terreno.

Por contra, el nacionalismo español está hoy en fase defensiva, es un "nacionalismo defensivo" que básicamente lo que pretende es defender las posiciones ganadas. Sean cuales sean. Pero no se atreve, por miedo a ser etiquetados de reaccionarios o "franquistas" (la dictadura significó para el españolismo una etapa de "nacionalismo ofensivo") a intentar "ganar posiciones". Es un nacionalismo, en la inmensa mayoría de los casos, conformista.

Con ello no entro en valoraciones desde el punto de vista del "no-nacionalismo" (o postnacionalismo). Quiero decir que una reclamación concreta del "nacionalismo ofensivo" puede ser, desde el punto de vista del no-nacionalista, completamente justificada (por ejemplo la defensa del catalán en aquellos ámbitos en los que continúa minorizado) al igual que puede estarlo un amurallamiento del "nacionalismo defensivo" (por ejemplo la defensa de una subsistencia del castellano en las educación).

Con esta diferenciación no quiero dar a entender que se trata de una distinción "absoluta". Simplemente de una consideración a grandes rasgos que creo diferencia como se comportan hoy el españolismo y el nacionalismo periférico, y repito que no hay necesidad en ello y que siempre estamos expuestos a un giro de la tortilla en cuanto una de las posiciones gane o pierda confianza (o tenga más o menos que perder), . Por supuesto hay nacionalismo español ofensivo (y desacomplejado por ejemplo en grupúsculos ultras) incluso en algunas actitudes de PSOE o PP. Y por supuesto hay ocasiones (y grupos sociales) en que el nacionalismo periférico toma la forma de un "nacionalismo defensivo". Pero son casos más excepcionales.

La función del no-nacionalismo debiera ser siempre desenmascarar unos y otros, y desacomplejadamente defender las posturas que señala la neutralidad, la laicidad identitaria, aunque para ello se coincida con una u otra postura, en cada caso concreto. Pero señalando siempre cual es su objetivo final, la consecución de unas instituciones equitativas, postnacionales. Que es lícito que una postura gane terreno (sea ofensiva) cuando está en un aspecto infra-representada. Pero sólo hasta conseguir la igualdad en ese aspecto, y nunca aprovechando una posición de fuerza, para conseguir un ventajismo a todas luces injusto para cualquiera que de verdad se considere ecuánime.

viernes, junio 27, 2008

O Todo o Nada. Dividir en vez de sumar.

Sí, señor Ibarretxe. Sí divide quien pregunta.

Porque si una sociedad hay diversas afinidades sentimentales, preguntar para elegir o la una o la otra, asumir que no son lícitas ambas, es dividir. En una sociedad como la suya, proponer una alternativa en la que o se llevan toda la razón el 49% o se la lleva el 51%, pero sin posturas intermedias, es dividir.

O blanco o negro, o tú o yo. Eso es dividir.

El buen padre parte la tarta para los dos hijos, no la sortea o se la da entera al mayor. Si se quiere la convivencia se requieren
medidas intermedias, el Estado de la autonomías era una propuesta así, que se alejaba del centralismo pero sin caer en la separación total. Hay otras posiblidades, pero no pueden ser para contentar sólo a la mitad (si es que llegan) de la población. Es la falacia del falso dilema, no hay sólo dos posibles alternativas, hay miles.

Por algo los Referendums son las únicas formas de votación del pueblo que
también ejercen las dictaduras. Porque acaban con la pluralidad y la diversidad, acaban con los medios tonos, acaban con el acuerdo social. Es muy fácil plantear dilemas en los que uno siempre acaba ganando.

Señor Ibarretxe, no olvide una cosa. Su Pueblo, es
todo su Pueblo, no sólo el que le vota a usted.

martes, junio 10, 2008

Patriotismo y Nacionalismo II

Para pasar primero por las debilidades de este "patriotismo" -aquel que desea lo mejor para su Nación, frente al nacionalismo que es aquel que considera que "lo mejor", es ya lo "propio" de su Nación.- el primer problema de este "querer lo bueno" para el propio país está en el límite de lo que consideramos "nuestro país". Cómo delimitemos nuestro país puede hacernos llevar a dar el ligero paso que nos lleva del patriotismo al nacionalismo. Cuando el límite no sólo es externo, es decir las "fronteras" establecidas internacionalmente, sino también interno, cuando colocamos "fronteras internas" que nos hacen discernir entre los "naturales" y los "extranjeros"o los "metecos".

Menos objetable es cuando esta frontera es simplemente "jurídica" (y en base a una norma jurídica que no se sustenta en la discriminación entre ciudadanos). Es un mal inevitable, que nos permite discernir entre, por ejemplo, el turista y el ciudadano. Y formaliza cuales son los derechos y las obligaciones exigibles a cada uno. Esta frontera jurídica, para ser legítima, ha de estar limpia de prejuicios costumbrista-culturales. Es decir, no pueden limitarse ni diferenciarse los derechos de un ciudadano por ser mujer, budista, homosexual, negro... o tener una cultura o costumbres diferentes. La decisión de si alguien es o no ciudadano no puede estar condicionada por esas u otras características de ese tipo.

Por ello es inadmisible cualquier "contrato de integración" como los que propugnan el PP o Convergència i Unió. El contrato sólo puede ser aquel que nos hace iguales, es decir la ley, pero también igualmente libres. No cabe un paso previo de homogeneización para ser admitido.

La otra frontera, la exterior, también es un mal (y no conviene olvidarlo) aunque un mal de momento inevitable. Pero aquí también yace otra debilidad de este "patriotismo". Creo que la tendencia debería ser la de diluir estas fronteras en lo posible -algo que la Unión Europea a conseguido en parte- de forma que las diferencias entre derechos y deberes de la ciudadanía sean las mínimas entre los ciudadanos de un Estado y otro. La necesidad de estas fronteras no debería servir de excusa para propugnar que "querer lo bueno" para el propio país está reñido con querer lo bueno para cualquier país, y tener una concepción darwinista de las relaciones entre países, según la cual hay una lucha por la supervivencia irremediable entre países, que los países son "lobos" para los países. Y que de lo que se trata es de "tomar ventaja" con el resto, con un espíritu competitivo, más que cooperativo, pues estaríamos cayendo de nuevo en el nacionalismo y olvidando que en el fondo no hay "países" sino "personas".

Este patriotismo de "querer lo mejor" para el propio país puede ser, así, virtuoso, siempre que no se considere "lo bueno" como lo bueno de una parte del país y no de todo el país y no se enfrente a "lo bueno" de otros países, sino que considere que lo bueno para mi país, (la libertad, igualdad y prosperidad de sus ciudadanos) es lo bueno para cualquier país.

Este patriotismo así entendido, creo que se puede identificar con lo que Habermas llama "Patriotismo constitucional". (nada que ver con el uso que hace el PP de este concepto) . Se trata de un patriotismo de izquierdas, progresista y post-nacional.

domingo, junio 08, 2008

Patriotismo y Nacionalismo I

Se ha dicho que lo que diferencia al nacionalismo del patriotismo es que mientras el patriota es aquel que desea lo mejor para su Nación, el nacionalista es aquel que considera que "lo bueno", simplemente, es lo propio de su Nación.

Siguiendo esta lógica se podría decir que hay un nacionalismo hasta cierto punto más "civilizado" (que no ciudadano) y sólo hasta cierto punto, que se autoafirma como "tolerante" y que vendría a decir que ese "lo bueno"es sólo relativo a cada país. No es un "bueno" absoluto, sino que cada Nación, cada cultura o tradición, tiene un "bueno" que le es propio y ese es respetable y debe ser aceptado por el resto de Naciones.

Este nacionalismo es hijo ideológico del "multiculturalismo comunitarista" aunque no debería confundirse con este. A cualquier estudioso serio del multiculturalismo le haría reír considerar los diferentes nacionalismos de la Europa occidental como "culturas" en el sentido en que se usa en las tesis "multiculturalistas". Sería un abuso semejante a aquel que se comete con la tesis del relativismo lingüístico de Sapir-Whorf según la cual, lenguas diferentes suponen visiones de la realidad diferentes.

Los límites y deficiencias de esta vieja teoría han sido más que suficientemente discutidos, pero lo que conviene recordar, al hilo de lo que hablábamos, es que a los efectos de su teoría el mismo Whorf había aclarado que debíamos entender que se trataba de una misma lengua, ya no todas las lenguas romances (como el castellano y el catalán) sino el conjunto de lenguas indoeuropeas. (Los estudios de Whorf están realizados comparando la categorización del inglés con las categorías de los indios Hopi).

Yo que tengo una desconfianza natural en aquellos que se auto-denominan "patriotas" pues pienso que generalmente el "patriotismo" es la columna que suele edificar el nacionalista para esconderse detrás, y aún sin olvidar sus peligros, no puedo sino reconocer las ventajas del patriotismo así entendido -como el que quiere lo mejor para su nación- frente al nacionalismo -el que declara que lo bueno es lo propio de su nación-.

Pues lo "propio" de la Nación, siempre viene a coincidir con lo "propio" del nacionalista, en lugar de con "lo propio" de todos sus ciudadanos, de forma que se utiliza esta vulgar falacia para imponer "lo bueno" para algunos, a todos, limitando la libertad (que cuando es para todos si coincide con "lo bueno") de cada individuo a elegir que es "lo bueno" para sí mismo con total autonomía.


martes, abril 22, 2008

Guerras de Religión en los aledaños de la Era Postnacional

Si hubo un día en que se consiguió separar el Estado de la Religión (o casi), tendrá que haber otro en que la política también se separe de la adscripción étnico-nacional.

Si un día se consiguió que las instituciones fuesen neutrales con respecto a las sensibilidades religiosas de sus ciudadanos (o casi), se tendrá que conseguir también que las instituciones sean, un día, neutrales ante la identidad cultural de sus ciudadanos.

El proceso que llevó a la neutralidad religiosa fue largo y cruento. Duró varios siglos de luchas y represalias. Aún a partir de que se tuvieron las herramientas conceptuales para poder pensarlo, a partir de la constatación de la pluralidad de creencias de la sociedad y de la igualdad que merecían todos los hombres ante las instituciones, siguieron habiendo víctimas e incomprensiones durante siglos.

Hoy, constatando la pluralidad cultural de nuestra sociedad y la igualdad que merecemos todos, ya tenemos las herramientas conceptuales para crear un Estado Postnacional.

Procuremos que no hagan falta demasiados años, exclusiones y sufrimientos para conseguirlo.