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miércoles, enero 14, 2015

Terrorismo islámico, terrorismo independentista.

Por más que algunos occidentalófilos y muchos tontos de tertúlia repitan que lo del terrorismo islámico es una guerra abierta contra Occidente, esto no va a pasar a ser verdad. Es más bien ridículo cuando en la misma semana del atentado del 'Charlie Hebdo' en Nigeria han muerto 30 personas en atentados islamistas, utilizando para ello a tres niñas bomba. Podrían decir, al menos, que la guerra es contra los valores occidentales, pero solo partiendo de un eurocentrismo inadamisible (que ellos precisamente dicen repudiar) según el cuál adjudicáramos a occidente los valores universales, se puede afirmar algo así. Es el islamismo, con una tendenciosidad interesada, el que puede hablar de "valores occidentales" refiriéndose a la libertad religiosa y de expresión. Pero si aquí se impusiesen los "valores occidentales" lo que habría no sería libertad, sino Estados fundamentalistas católicos.


Lo que quiere el fundamentalismo islámico es imponer la sharía, es decir, las leyes islamistas a los Estados (sean occidentales u orientales). Es decir, que su identidad religiosa sea asumida por las instituciones y prevalezca sobre todos, acabando con la separación iglesia-estado y acabando con las libertades individuales (religiosas, morales o axiológicas) y con la neutralidad a la que se deben las instituciones respecto a las identidades de los ciudadanos (identidad religiosa, cultural, ideológica). Es decir, contra uno de los mayores logros de la civilización (que viene de ciudad y ciudadano) que es precisamente la de hacernos "ciudadanos", tengamos la identidad que tengamos, y no meros miembros de un "pueblo" (el pueblo islámico, el pueblo israelí, el pueblo ario...).


Todo terrorismo dice hablar en nombre de la Libertad que ahora tantos han salido a defender con el  "Je suis Charlie". Pero no en nombre de la "libertad de expresión" (occidental según ellos) sino en la nombre de una libertad colectiva, la libertad de su pueblo, en este caso la libertad del pueblo islámico ("Estado islámico" es el nombre del mayor grupo terrorista actual) que está por encima de cualquier libertad individual (como pueda ser la de que puedas expresar creencias contrarias a las colectivas). 

Por todo ello, no es sólo que sea inoportuno y una salida de tono (un intento de meter una cuña para hablar de lo mío sin que se note demasiado) que Artur Mas diga en París, manifestándose por los atentados; "i quan dic la Llibertat la dic en majúscules, perquè és un valor de civilització que ens uneix a tots els europeus, però també les llibertats, que vol dir les individuals i les col·lectives, que no es poden destriar unes de les altres". No es solo un mal chiste, es que precisamente esos que han atentado lo han hecho en defensa de "sus libertades colectivas", escrito así, con el posesivo "sus" porque las libertades colectivas, fijémonos, nunca son las "libertades de todos", sino las libertades que unos (islamistas, nacionalistas...) definen que han de ser para todos. Y eso necesariamente choca contra los ciudadanos que no coinciden con esas "libertades" (así pues, no sólo libertades individuales y colectivas sí son "destriables", es que se oponen). Definir una "nación" como "islámica" no es ninguna libertad, es lo contrario. Pero de la misma forma, definir una nación en la que conviven dos lenguas propias, por UNA lengua, UNA cultura y UNA identidad, no es ninguna libertad "colectiva" (y cuando se le ponen apellidos a un valor hay que empezar a sospechar) sino una forma de intentar uniformizar, es decir, acabar con unas libertades.

Aquí en Cataluña  también hemos sufrido el terrorismo (y no sólo el etarra, también nuestro propio terrorismo alliberador). La triste diferencia con Francia, es que en Francia a nadie se le ocurriría decir que no sólo es responsable el terrorista, sino también quien provoca las causas que lo originan (vamos, sería culpar a los dibujantes por provocar) ni exigir diálogo con el islamismo porque, aunque los medios sean equivocados, hay que comprender sus motivos. 

Porque tener una religión individualmente es legítimo, convertirla en islamismo, (religión de las instituciones), no lo es porque va contra la libertad (y la vida cuando se convierte en islamismo terrorista).
...y aquí nunca comprendimos que tener una identidad es legítimo (e inevitable) pero convertirla en nacionalismo (identidad de las instituciones) no lo es, porque va contra la libertad (y la pluralidad de identidades).

miércoles, diciembre 11, 2013

La Nación como "ciudadanía" frente a la idea etno-cultural de Nación del nacionalismo.

La idea de Nación como "estado" y "ciudadanía" frente a la idea etno-cultural de Nación (nacionalismo).

lunes, octubre 14, 2013

Construcción Nacional, cómo hacer de Getafe una nación (Julio Camba, 1918)


Una nación se hace lo mismo que cualquier otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de nación, le habría reducido al silencio. 

Julio Camba. Maneras de ser español 1918

jueves, julio 25, 2013

Hannah Arendt: "Gleichschaltung" y lengua materna.

Hannah Arendt, judía alemana, sufrió la represión nazi y tuvo que escapar de un campo de concentración y refugiarse en los Estados Unidos. Años después,al escribir sobre el juicio al nazi Adolf Eichmann (analizando la estructura de lo que debía ser el "mal radical" y en la que ella encontró solo la "banalidad del mal") fue acusada de antisemita, de nazi y repudiada y marginada incluso por muchos de los que, dentro de la comunidad judía, eran sus mejores amigos.

Arendt es un ejemplo de integridad intelectual al librarse de muchos de los dogmas que sostienen al nacionalismo, poniendo siempre la identidad individual por encima de las identidades (o maniqueos juicios) de pueblos/colectivos.

El texto siguiente (sacado de una entrevista que puede encontrarse íntegra en youtube) es fantástico ejemplo, además, de cómo fueron los inicios del nazismo y cómo se extiende y triunfa una ideología en especial cuando es percibida como ideología predominante, incluso entre los propios excluidos por ella.


 "La toma del poder [por parte de Hitler] era naturalmente un desastre, pero era una cuestión política, no personal. Para saber que los nazis eran nuestros enemigos no necesitábamos que Hitler se hiciese con el poder, por favor! Y también sabíamos que una gran parte del pueblo alemán estaba con ellos. (...) bueno ya sabe usted lo que era la "Gleichschaltung" ("uniformización") ¡y quiero decir que los amigos se "uniformizaron"! El problema, el verdadero problema personal, no fue lo que hicieron nuestros enemigos, sino lo que hicieron nuestros amigos. Esa marea de la "Gleichschaltung", que en buena medida era voluntaria, o que, en todo caso, no estaba aún bajo la presión del terror: fue como si en torno a nosotros se abriese un espacio vacío. Yo vivía en un medio intelectual, pero conocía también otras gentes. Y pude comprobar que la "Gleichschaltung" se convertía, por así decir, en regla entre los intelectuales; no así en los otros medios. (...) 


¿Qué queda? Queda la lengua. Me he negado siempre, de manera consciente, a perder mi lengua materna. Siempre he mantenido ciertas distancias tanto del francés, que llegué a hablar muy bien, como del inglés, la lengua en la que hoy escribo. Hay una diferencia abismal entre tu lengua materna y todas las demás."

jueves, junio 21, 2012

España es un invento, Catalunya es una realidad (inventada).

Es muy curiosa la mítica del nacionalismo catalanista...

...según ellos, "España" no existe, es simplemente un "invento".

...y sin embargo "Catalunya" existe y es una Nación sencillamente porque se tiene conciencia de serlo. Vamos, que en este caso ser invento -de algunos- es lo que da la legitimidad para ser realidad.

viernes, mayo 06, 2011

El universo es la patria.

"Para los hombres sabios la tierra entera es accesible. El universo es la patria de un alma excelente."

Demócrito

sábado, marzo 19, 2011

Duran i Lleida: En lo del "concierto" si estamos de acuerdo los catalanes, NO COMO EN LO DE "NACIÓ"...

Hay cosas que no se entienden.

Duran i Lleida (en entrevista de Pedro J.Ramírez en Veo7) resulta que justifica su no-independentismo diciendo que: "en Catalunya hay mucha gente que la siente como nación, pero también mucha otra que siente a España como nación" es decir, que para los catalanes el considerar a Catalunya una "Nación" es algo controvertido, sobre lo que no hay acuerdo.
Esto era algo sabido, de hecho hasta hace bien poco (antes de que fuese surtiendo efecto el bombardeo mediático nacionalista) ese porcentaje de catalanes que no consideraba a Catalunya una Nación, era el mayoritario. Pero siempre es bueno que al menos una vez, desde el propio nacionalismo, se acepte. Aunque la controversia (de si es o no Nación) nunca haya existido en los medios de comunicación catalanes, que no solo la han acallado, es que desde mucho antes de que se aprobase el Estatut ya hablaban a diario de Catalunya como Nación, como si se tratase de un hecho.

A la pregunta de Pedro J. sobre si no puede pasar con el tema del "concierto económico" como con el del Estatut, la respuesta clara de Duran es que 'No'. No, porque en este tema  en Catalunya sí que hay una clara mayoría favorable a la medida, no como sucedía, lo dicho, con el Estatut...

...O sea que que el Estatut, la norma básica que nos ha de regir a todos, no es una norma compartida por todos, o sea que se hizo es Estatut ¿a sabiendas de que no incluía a todas las sensibilidades?.
O sea que no solo se incluyó el término "Nación" a pesar de las innumerables polémicas, a costa del desgaste de la sociedad española y catalana, de la política, y de la cohesión social... sino que se hizo a sabiendas que es una cuestión que divide a los catalanes, en la que no estamos de acuerdo?
¿Era necesaria esa inclusión que deja a tantos catalanes fuera? ¿Cómo era tan unánime la "Editorial conjunta" cuando en una cuestión en que el pueblo estaba dividido? ¿Por qué esa fingida unanimidad de "Catalunya" de los medios de comunicación? ¿Era necesario desgastar la legitimidad del Tribunal Constitucional en una cuestión en la que ni siquiera los catalanes estamos de acuerdo? ¿En quién piensa el nacionalismo cuando habla de Catalunya?¿En la mitad de Catalunya?

....y todo ¿Para qué?


miércoles, abril 07, 2010

Venerar como si fuera un Dios.


"Venerar al propio país como si fuera un dios supone, en realidad, maldecirlo"
Rabindranath Tagore

viernes, febrero 19, 2010

Catalunya, una Nación a medias.

por Ignacio Sotelo.

Se han dado muchos significados a la palabra nación, pero si se la identifica con la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe sólo es una nación a medias. De ahí deriva la presión para que se ‘normalice’ el catalán

(…)


Lo más grave y peliagudo es que el término de
“nación catalana” no constituye tan sólo un problema de encaje jurídico-constitucional -un derecho vivo ha de encontrar siempre la forma de adaptarse a la realidad, y no a la inversa-, sino que la idea herderiana de nación, basada en la posesión de una lengua propia, a la que se remiten los catalanes desde el siglo XIX, no se ajusta a la realidad. Si la nación se identifica por la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe es una nación a medias, al compartir territorio con otra nación, que tiene como lengua materna otra lengua, aunque conozca y se desenvuelva también en catalán.

La idea herderiana de nación se basa en que cada pueblo tiene una lengua propia que expresa su forma de ser. Medida con este criterio Cataluña, más que una nación,
es el afán de llegar a ser una nación -en construir la nación consiste el empeño básico del catalanismo- que lo conseguiría el día en que toda la población tenga el catalán como primera lengua materna, y no sólo vehicular, a la que se añaden las otras lenguas de uso, el castellano y el inglés.

La cuestión de la lengua es así la cuestión central del nacionalismo catalán en la que no puede admitir retrocesos. Todos los habitantes de Cataluña tienen el deber de dominarlo, la Administración comunica con el público sólo en catalán y la enseñanza desde el jardín de infancia hasta la universidad se hace en catalán.
Cataluña será una nación plena cuando tenga una sola lengua con la que se identifiquen todos sus habitantes, aunque se mantengan otras lenguas de uso y comunicación.

Pero por alta que haya sido la presión lingüística bajo el manto de la normalización, y ha ido en aumento, los resultados son bien mediocres. Cataluña sigue dividida en dos comunidades lingüísticas, la castellano y la catalanoparlante.

Si se toma en serio a Herder, Cataluña no sería una nación, sino dos. Si es cierto que hasta ahora conviven pacíficamente, la existencia de dos “naciones” plantea cada vez más problemas a dos minorías, que lo son todavía, pero que crecen con rapidez. La una pretende que se respete el castellano como lengua oficial, sobre todo en la Administración y la enseñanza; pero nada tendría consecuencias más catastróficas que se bifurcase la enseñanza en escuelas catalanas y castellanas para que los padres pudieran elegir. La otra se enfurece cada vez más porque, pese a más de 30 años de “normalización lingüística”, en ciertos ámbitos, como son la prensa y el libro -se venden tres en castellano por cada uno en catalán- el castellano sigue siendo la lengua dominante.

Más grave aún, una buena parte de la población inmigrante, pese a residir largos decenios en Cataluña y dominar el catalán sigue identificándose como aragonesa, gallega, extremeña o andaluza.

Fuente: El término más complejo del Estatut, en El País


miércoles, febrero 03, 2010

Catalunya, una provincia de España.

Siempre me ha llamado la atención cómo en foros, blogs y discusiones en general, el nacionalista sugiere como prueba concluyente de que "Catalunya es una Nació" algunas de las acepciones ofrecidas por la Real Academia de la Lengua. Dejando de lado lo burdo de la defensa (¿sabrán diferenciar entre lo que son las definiciones de "uso habitual" que ofrece la RAE de las que ofrece cualquier estudioso de las ciencias políticas?) las contradicciones a las que se llega entonces son más bien risibles.

Así dicen;

Nación:(Del lat. natĭo, -ōnis).

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

Lo mismo les sirve para "País":

País:(Del fr. pays).

1. m. Nación, región, provincia o territorio.

Claro, tampoco caen en que, con tales definiciones, un País o una Nación es casi cualquier cosa, pongamos Burgos o Extremadura.

El caso es que, con los mismos criterios, se podría decir de Catalunya que es una "provincia" (de hecho así ha sido denominada históricamente, y cuando digo "históricamente" hablo de mucho antes del 1714):

Provincia:(Del lat. provincĭa).

1. f. Cada una de las grandes divisiones de un territorio o Estado, sujeta por lo común a una autoridad administrativa.

Viene todo esto acuento porque precisamente Artur Mas se nos ha destapado diciendo que "No aceptaremos nunca que Cataluña sea sólo una provincia". Pues bien, según la RAE, señor Mas, Catalunya es una "provincia".

jueves, abril 09, 2009

Izquierda, Igualdad y Nacionalismo.

Frente al nacionalismo de derechas que defiende generalmente que el nacionalismo es transversal (no es ni de derechas ni de izquierdas) el nacionalismo de izquierdas, sin embargo, defiende muy habitualmente que el nacionalismo es de izquierdas, y así está grabado en el subconsciente de muchos ciudadanos. La afirmación no tiene ningún fundamento teórico, a poco que se la analice. (en muchos sentidos, el nacionalismo es tradicionalista, antiprogresista, retorna al ciudadano a la condición de súbdito, anti-liberal, etc) pero ahora voy a centrarme en uno de los valores básicos para la izquierda, el de la Igualdad.

Bobbio defiende que aquello por lo que se puede distinguir a la derecha de la izquierda es por el valor de la “igualdad”. La izquierda defendería la igualdad y la derecha la desigualdad.

Una variación de esta idea es propia de la socialdemocracia, en la que la igualdad se sustenta en la desaparición de igualdades, con la redistribución de la riqueza. Para esta idea, la izquierda sería aquella teoría que defiende que los recursos de los más favorecidos deben fluir hacia los más desfavorecidos.

Marx se defendia de las acusaciones contra el comunismo por querer “suprimir la patria y la nacionalidad” diciendo que los obreros no tienen patria, y que no se les puede quitar aquello que no tienen. Y añadía:
“Los particularismos nacionales y los antagonismos de los pueblos desaparecerán cada día más”.

Gramsci también denunciaba que era el capitalismo el que pretendía dividir a los trabajadores fijando los particularismos, y defendía la unidad de Italia como paso previo a una emancipación universal, reflejo de la igualdad final de todos los hombres.

miércoles, enero 07, 2009

La lealtad nacional para Nussbaum.

"La lealtad nacional es una característica moral irrelevante"

Martha Nussbaum

lunes, enero 05, 2009

Azaña, el ideal de "ciudadanía" frente a la Nación identitaria.

Rescato un fragmento de la reseña que Álvarez Junco dedica a la biografía de Azaña recientemente publicada por el admirado Santos Julià.
El fragmento nos muestra a un Azaña precursor del ideal de "ciudadanía" frente a la idea étno-cultural de Nación que defiende el nacionalismo. Un ideal que ha debido esperar 80 años para que empiece a ser reconocido y defendido en España (y aún así, hoy día, sólo por algunos) y la experiencia del paso previo por un nacionalismo español y su inversión en los nacionalismos periféricos particulizadores que nos demostraban fehacientemente que la exclusión no se soluciona con otras exclusiones inversas.

"Otro aspecto en el que esta biografía pulveriza la imagen acuñada por los enemigos de Azaña es el de su supuesto antipatriotismo. Azaña defiende el sentimiento nacional, pero en la línea de Cicerón o Maquiavelo: como orgullo de pertenecer a una sociedad capaz de dotarse de instituciones libres. La nación, así entendida, es para él un instrumento de modernización.

Las identidades culturales se forjan, sin duda, a lo largo de siglos, pero sólo son naciones modernas cuando se asocia a ellas el sentimiento de soberanía colectiva sobre el territorio que convierte a los súbditos en ciudadanos. De ahí que las naciones, lejos de ser eternas, sean necesariamente recientes, observación en la que Azaña se adelanta a los enfoques hoy dominantes sobre el tema.

La nación en la que él piensa es, además, compleja, y permite el reconocimiento de identidades culturales diversas. Lo que le hace defender el Estatuto catalán (a diferencia de Ortega, que sólo predica "conllevar" el "problema"), como instrumento de modernización, como avance hacia la adecuación del Estado a la realidad social. Siempre, claro está, que no fomente sentimientos patrióticos basados en la identificación étnica, que responden -en palabras del propio Azaña- a un 'concepto islámico de la nación y del Estado' y cuyo modo de expresión es el 'alarido'."


Fuente: Babelia

jueves, diciembre 11, 2008

Ocupar el lugar del amor a la Humanidad.


Se dice que fue el Abad Augustin Barruel (1741-1820) el primero en acuñar el término "Nacionalismo". Lo introdujo en su critica a los revolucionarios, para quienes el término "Nación" era, más que nada, usado como oposición a monarquía y no tenía el sentido que le daría después el Romanticismo. Pero el "nacionalismo" tiene ya para él connotaciones que nos resultan hoy familiares.

"En el mismo momento en el que los hombres se unieron en naciones dejaron de reconocerse unos a otros con un nombre común. El nacionalismo o amor a la nación ocupó el lugar del amor a la humanidad en general"

lunes, marzo 31, 2008

Necesidad de Reconocimiento de la "Nación".

La realidad de la “Nación” es algo sumamente alejado de la cotidianidad, del día a día de las personas.

Por ello mismo, porque su realidad no es visible ni evidente de por sí, el nacionalismo necesita para poder subsistir, un reconocimiento activo y continuo, tanto por los propios nacionales (auto-reconocimiento) como por los “extranjeros” (reconocimiento en sí).
Esta es la verdadera función de los símbolos (banderas, himnos, insignias, fiestas...). Los símbolos son por ello, más un síntoma que no nacionalismo en sí.

También este es el motivo que hace que los símbolos diferentes a los que representan a la propia nación sea inadmisibles para el nacionalista, dichos símbolos “transforman” a los propios nacionales a otra nación. El nacionalista sólo acepta una bandera. (sólo una que represente a una nación, no resultan antagónicas aquellas que simbolicen otras realidades, como sociedades, clubs de fútbol, consistorios, etc).

Estas circunstancias nos proporcionan ya una primera forma de reconocer personas que son nacionalistas (a) y de constatar una primera actitud impositiva e intolerante del nacionalista (b);

a) Reconocer al nacionalista, porque el nacionalista tiene la necesidad, no ya de sentirse representado por unos símbolos sino de exponerlos continuamente de exteriorizarlos y a la vez de negar símbolos, negar aquellos símbolos por los que no siente apego.

b)
Constatar una primera actitud intolerante del nacionalista, porque esta negación de símbolos se pretende no como algo que sólo le afecte a él y a los que piensen como él, sino a todo lo que él considera la "Nación", piensen o sientan lo que sientan el resto de los "nacionales". El nacionalista, así, pretende no sólo (de forma activa) tiene derecho a que las instituciones (de todos) exhiban sus símbolos sino que también tiene derecho a que las instituciones no exhiban los símbolos de aquellos que tienen una sensibilidad nacional diferente a la suya, es decir, a negar a otros aquel derecho que reclama para sí.