domingo, enero 11, 2015
martes, junio 11, 2013
El proyecto de la Direcció de Política Lingüística... desde sus orígenes.
jueves, enero 17, 2013
¿Basta la dimisión de Duran i Lleida?
jueves, septiembre 27, 2012
El día en que Artur Mas se acordó del castellano
El camí que Catalunya es disposa a seguir estarà ple d’entrebancs. Hi haurà difamacions, provocacions i amenaces de tot tipus. Es dirà que Catalunya va cap al precipici i s’intentarà utilitzar la llengua i l’origen geogràfic de les persones per enfrontar-les entre elles. Els que tinguin aquesta temptació farien bé de recordar que el castellà també és patrimoni de Catalunya, com el català ho hauria de ser d’Espanya. I a més, un patrimoni estimat. I també haurien de recordar que dividir un poble com Catalunya per l’origen de les persones seria una autèntica aberració, perquè l’ànima de Catalunya s’alimenta de la barreja de persones de procedències ben diverses.Del discurso de Artur Mas en el Parlament convocando a elecciones25 de septiembre de 2012
Y es evidente, pues hacer una cuestión de algo que divide en dos una sociedad y plantearlo en referéndum, de forma que gane una u otra parte, en lugar de plantear un proyecto que intente integrar ambas, es hacer volar por los aires la cohesión social y excluir una de las partes, en lugar de crear un edificio compartido.
jueves, septiembre 15, 2011
Inmersión: La Gran manipulación 1. Supresión del catalán
martes, febrero 08, 2011
Discriminación municipal y "Drets lingüístics".
martes, septiembre 21, 2010
Charnego, Montilla se acuerda de tu voto.
El Confidencial
La Vanguardia
lunes, febrero 01, 2010
La Generalidad desaparece de la Generalitat.
Hasta ahora en la versión en castellano el término usado era "Generalidad de Cataluña" por el "Generalitat de Catalunya" de la versión original catalana (V.O.S.E). No me parece una cosa importante, de hecho mi costumbre (y así lo hago siempre en este blog, o en el uso habitual) es referirme a nuestro gobierno como "Generalitat". Pero no deja de ser curiosa la desaparición repentina del término "Generalidad", un paso más en el progresivo arrinconamiento del castellano, unos meses después de que la "caverna nacionalista" (que en todas partes pueden encontrarse cavernas) denunciase el uso del término en unos folletos.
Curioso porque "Generalidad" era el término habitual utilizado en las traducciones de Gencat, y además era recogido como forma correcta por el mismo "libro de estilo" de la Generalitat ("Criteris de traducció de noms, denominacions i topònims").
Per raons d’estil, també és habitual mantenir en català el nom de Generalitat de Catalunya en textos en castellà, com fan alguns mitjans de comunicació amb aquest nom i amb altres noms de departaments i organismes administratius."
Relacionadas:
El 86% de las páginas de la Generalitat se ofrecen sólo en catalán.
'Només català' en el Ayuntamiento de Barcelona.
jueves, junio 18, 2009
Soy quien soy, que no soy yo.
por Félix Ovejero Lucas, El País, 6 de marzo de 2006
Yo no sé muy bien cuál es la lengua de Cataluña. Lo que sí resulta más fácil determinar es la lengua de los catalanes. Según recordaba este mismo periódico en un informe reciente, el castellano, además de la lengua común, es la lengua materna de la mayor parte de los catalanes. Exactamente, mientras el 53,5% de los catalanes tiene como lengua materna el castellano, el 40,4% tiene el catalán. Una diferencia apreciable: 13,1%. Todo eso es conocido y no hay que darle más vueltas, o sólo unas pocas cuando esa realidad bilingüe es negada por las instituciones. Cuando, por ejemplo, en los hospitales la información está exclusivamente en catalán, lo que no es una broma para la población de mayor edad y más pobre, la más necesitada de asistencia médica pública. Claro que se podría aplicar el criterio de Artur Mas cuando, a propósito de la enseñanza, recomienda: "Que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento". Pues eso, que se editen ellos los folletos.
Pero el resultado más llamativo del informe es otro: un 48,8% de los entrevistados cree que su lengua propia es el catalán. Es decir, hay catalanes que consideran que su propia lengua no es su lengua propia. La anomalía no es importante en número pero sí en naturaleza. Todos consideraríamos que ha perdido el juicio un individuo chaparro y cetrino que dijera de sí mismo que, en realidad, como en la copla, él era "hermoso y rubio como la cerveza". Esto es, que no se parece a su propia identidad. Una idea rara. Por definición uno es idéntico a sí mismo. Casi todas las acepciones de las muchas de la palabra "alienación" están recogidas en un comportamiento como éste.
¿Cómo ha podido suceder esta anomalía? No se me ocurre otra explicación que la labor de una clase política que se ha inventado un país que no existe y, sistemáticamente, a costa de lo que sea, se empecina en encajar la realidad en el mito para después reclamar en nombre del mito. Es la historia común de los nacionalismos según la eficaz fórmula de Hobsbawm: la invención de una tradición. En este caso la operación es bastante precisable: una lengua dota de identidad, una identidad sirve de cimiento a una nación y una nación requiere un Estado. Más doméstico y cercanamente, el proceso estatutario es un ejemplo espléndido de cómo se ceba la ficción. La reforma del Estatuto no respondía a ninguna demanda social. Los catalanes estaban muy satisfechos con su grado de autogobierno e, indiferentes a la agitación mediática y a las atosigantes presiones políticas, consideraban la reforma del Estatuto la menor de sus inquietudes. Así lo mostraron sucesivas encuestas que no se ven replicadas por el argumento de que el nuevo Estatuto (¿cuál?) viene respaldado por el 90 % del Parlamento catalán. Un argumento con muchas costuras que, en cualquier caso, no es de recibo cuando procede de quienes forman parte de ese 90%. En particular: si el PSOE apoya un proceso, no puede después alegar que hay que tomárselo en serio porque cuenta con muchos apoyos. Eso es como el jayán que, después de animar a la gamberrada, pillado en falta, alega "es que los otros hacen lo mismo".
Entiéndase, la novedad no radica exclusivamente en que la clase política apenas se parezca a la sociedad catalana. Eso, en principio, no es excepcional. La sociología radical anglosajona de los sesenta mostró convincentemente los muchos abismos sociales que separan a los ciudadanos de sus representantes. Y también que tales abismos no salen gratis. Las redes familiares e informales de quienes comparten colegios, universidades, despachos y parentela deciden el inventario de los problemas relevantes y las soluciones aceptables. No es un problema de mala fe, de que gobiernen al dictado del comité central de la burguesía; es peor, es que, honestamente, los problemas, las "preocupaciones de la sociedad" que reconocen son los de los suyos. Sencillamente, no saben que existen otros. El núcleo cabal de las medidas de discriminación positiva en las instituciones representativas es un intento de responder a esa anomalía democrática.
La particularidad de la clase política catalana es que ese abismo se superpone a una reivindicación identitaria. Al final de todas las intervenciones de los políticos catalanes hay una apelación a una identidad propia. El problema, claro, es que la identidad de la sociedad catalana no se parece a la de los políticos. Para decirlo brevemente, Maragall no es Evo Morales. No forma parte de los excluidos. Más bien al contrario. La evidencia empírica es abrumadoramente elocuente. Por ejemplo, la recogida en la tesis doctoral de Thomas Jeffrey Miley presentada en la Universidad de Yale sobre The Politics of Language and Nation: the Case of the Catalans in Contemporary Spain. Los datos, y son legión, resultan inequívocos: mientras el 43% de la población reconocía que su "identidad lingüística" era el castellano, entre los parlamentarios, cuando se les preguntaba si se consideran castellanohablantes, la cifra se queda en 7,1%. Y algún otro más: mientras, entre la población de origen inmigrante, la tasa de "abandono" de la propia lengua resultaba inapreciable, ese porcentaje era extremadamente alto entre maestros, parlamentarios y políticos locales. En breve, si querían entrar en el club de las almendritas saladas tenían que dejar "la identidad" en la puerta. Y ello sin garantías de atravesar el dintel. Porque la sociedad catalana, en contra de los tópicos, muestra una porosidad feudal a la hora de admitir nuevos invitados: la movilidad social de los últimos veinticinco años ha disminuido respecto a los veinticinco anteriores. Sobre esto también hay solventes investigaciones. Por cierto, también en inglés.
La clase política se ha esmerado en crear un paisaje social a su imagen y semejanza. El empeño ha sido tenaz, se han gastado muchos dineros, se ha tutelado durante años y, aunque magros, los resultados van llegando. No es difícil. La realidad resulta irrelevante para que prendan los mitos tribales. Un conocido experimento psicológico muestra que si en un grupo de personas pedimos que se identifiquen aquellos cuyo número de DNI termina en 7, al rato, los del 7 encuentran que se parecen, que son distintos a los demás. Nada hay más sencillo que fabricar una identidad. Sobre todo cuando se reboza de algunas cuentas trucadas sobre balanzas fiscales, que, por supuesto, siempre se echan entre nosotros, los del 7, y los otros, nunca comparando a los del 7 entre sí.
La tarea ha sido realizada con paciencia mineral durante años. Sin cejar y sin reparar en la pulcritud democrática de los procedimientos, pero discretamente. La novedad es que ahora, con el nuevo Estatuto, se ha dejado por escrito en letras grandes y con los focos iluminando. Absortos en su propia burbuja, los políticos catalanes creían que su mundo era el mundo, y de pronto se sorprenden cuando "en Madrid" se quedan estupefactos ante el nuevo texto y, no menos, ante la escenificación con la que se presenta en el Parlamento español. No es que "en Madrid" estuvieran más cerca de la realidad de Cataluña, es que no estaban tan lejos del planeta Tierra.
Un texto legal no es un inventario de almacén. No tiene que describir el mundo, si los ciudadanos son bajitos, morenos o divertidos. No tienen que decirnos cuál es nuestra lengua apropiada. La verdad es que, si se trata de proclamar simpatía a los textos legales sobre estos asuntos, yo me quedo con la Constitución y el Estatut de la República. Pero, en fin, si resulta obligado jugar a la contabilidad, por lo menos que se cumpla con la exigencia primera del género: la veracidad. El proyecto de Estatuto salido del Parlamento catalán parecía un manual de historia natural. Pero de los del siglo XVI, trufados de animales fantásticos. Lo peor es que ahora, desde los laboratorios, se empeñarán en que los ciudadanos nos parezcamos a centauros, unicornios y quimeras.
jueves, mayo 28, 2009
Niegan a los profesores de autoescuela de Cataluña evaluarse en castellano.
Una muestra más del bilingüísmo que defiende nuestra Generalitat:
El examen únicamente podía realizarse en catalán. En este sentido, uno de los afectados, August Caballero dijo que "cuando nos dimos cuenta, hubo compañeros que pidieron una copia en castellano, pero les fue denegada".
(...)
Por ello, los afectados "pedimos que se repitan las pruebas en condiciones, con un redactado adecuado y con la posibilidad de hacer el examen en castellano".
Fuente Original: Niegan a los profesores de autoescuela de Cataluña evaluarse en castellano
martes, marzo 10, 2009
La Cataluña virtual de Thierry Henry. (I)
"La desafección de los ciudadanos a la política o, si quieren, su sensación de que los políticos no son consecuentes con sus promesas (66,6%, según el CEO, cree que «los políticos buscan el beneficio propio»), es un problema de cualquier democracia, también de la española.
En Cataluña, además, se añade al rosario de incumplimientos, la obsesión por sustituir la realidad común de los mortales por otra virtual, impuesta por una hegemonía parlamentaria, gubernamental y cultural, y transmitida por sus medios de comunicación públicos y buena parte de los privados subvencionados. El resultado es una falsificación de la percepción de la realidad por parte del ciudadano. Me explico: cualquiera que se pierda por el Parlament, por TV3 o por alguna de las consejerías del Gobierno, lo primero que percibe es que todo parece gestionarse como si fuéramos un Estado frustrado. España flota como un cuerpo extraño del que nos hemos de desembarazar. Nadie parece sentir apego, cercanía o simpatía por ella. E incide sobre la realidad. Thierry Henry la ha retratado fielmente: «Cataluña no es España»; y ha añadido al día siguiente: «No es una opinión, lo he visto». No miente, ni manipula, transmite lo que percibe en el ambiente publicado o forzado en el entorno del Barça, de Joan Laporta.
Sin embargo, más allá de esa atmósfera forzada y superficial, cuando las encuestan (CEO) nos acercan a la realidad corriente de la calle, vemos que sólo existe un 17,5% de ciudadanos que se sienten únicamente catalanes, e incluso no todos ellos pretenden un Estado propio (un 16,1%).
En Cataluña, la acción política y los medios de comunicación como correa de transmisión de aquélla, recrean las quimeras nacionalistas para hacerlas pasar por reales. No le va mal el negocio: El Parlament es un fiel reflejo de esa realidad virtual. Si hiciéramos una encuesta entre los parlamentarios, ese porcentaje del 17,5% que se sienten únicamente catalanes se quintuplicaría. En TV3 no haría falta ni hacerla."
Primera parte de un artículo publicado por Antonio Robles, El Mundo 1 de marzo de 2009
domingo, marzo 08, 2009
Tenemos derecho a escoger el idioma en que vemos el cine...
Los catalanes tienen derecho 'a escoger el idioma en qué quieren ver cine'.
De acuerdo, si esto va en beneficio de la libertad de elección. Pero algo más fundamental que ver cine, digo yo, es la educación de nuestros hijos. Y ahora debería explicar el sr. Tresserras, que si los catalanes tenemos derecho a escoger el idioma de las películas que vemos...
...por qué los catalanes NO tienen derecho 'a escoger el idioma en que se educan sus hijos'.
jueves, febrero 26, 2009
La agonía del Fet Diferencial Català
Pero si hay algo realmente “diferencial” en Catalunya es cómo se da ese bilingüísmo. Realmente es muy poco frecuente que en una población bilingüe, se pueda dar un diálogo con normalidad en el que cada hablante utilice su lengua sin ningún problema y la comprensión sea total.
Contra esta circunstancias excepcional es contra la que va la campaña de la Generalitat “encomana el català”. Al parecer que cada hablante use su lengua materna es una anomalía que hay que normalizar. El castellano-hablante ha de ser “contagiado”, y dejar de usar su lengua propia, para pasar a usar sólo el catalán.
No hay que ser muy avispado para reparar en que eso supone en la práctica el final del bilingüísmo. Primero de ese “hecho diferencial” excepcional que es el que dos hablantes se comuniquen entre sí en dos lenguas distintas. Pero a la larga (de conseguir sus objetivos) supone la desaparición de Catalunya de entre los países bilingües y, por lo tanto, la instauración definitiva del monolingüísmo en la sociedad catalana. A eso llaman algunos “Normalització”. También se podría llamar “Uniformització”.
viernes, agosto 22, 2008
Nuestros responsables lingüísticos; Castellano...¿para qué?
Refiriéndose a la propuesta de Til Stegmann que defendió que en Cataluña no había ninguna necesidad de dar clases de castellano, pues se aprende en la calle, Bernat Joan (Secretario de Política Lingüística de la Generalitat, ERC) ha afirmado que el problema está en que no lo permite la ley actual:
"Pero las consideraciones de Stegmann tienen un problema, y es que el actual sistema legal lo hace imposible" Pero que con otra ley, el castellano podría dejar de ser obligatorio.
"Clases de castellano es obvio que deben haber, pero no sé hasta qué punto deben ser universalmente obligatorias"
En cambio si es necesario el inglés y lo bueno es el motivo, porque abre "la puerta al mundo sin necesidad de intermediarios". Es decir, sin necesidad del castellano.
"Quizás algún día deberíamos abrir un debate sobre qué lenguas internacionales nos interesan más a los catalanes y de qué manera deberíamos promoverlas”
"Es obvio que la gente sabría castellano aunque no se enseñara en el sistema educativo, por pura inmersión en el medio, aunque quizás lo escribiría y hablaría peor, la calidad lingüística bajaría, pero se conocería”
Fuente: El Mundo
viernes, junio 06, 2008
Cumplir con la palabra dada
Que nadie se altere. Es la tercera vez que pasa, y sistemáticamente la Generalitat ha hecho caso omiso de estas sentencias. O sea, todo sigue igual.
¿O esta vez no? Confiamos en que esta es una perfecta oportunidad para que Zapatero, el Presidente del Gobierno, cumpla una de sus promesas electorales. (Y recordemos que este es el Presidente al que votó una mayoría de los catalanes).
"Yo le aseguro..., tiene mi compromiso y mi apoyo de que haría todo lo posible, todo lo que mis competencias me permitieran para que su hijo tenga el derecho a tener el apoyo necesario para estudiar EN CASTELLANO".
11 de Febrero de 2008 (Periodo electoral de las Elecciones Generales 08)
Fuente



