jueves, abril 16, 2015
TV3 relaciona inmigración con yihadismo.
jueves, diciembre 23, 2010
Para integrarte tienes que hablar en catalán, pero el castellano no está ni discriminado ni en peligro.
Relacionadas:
Intégrense en la Catalunya REAL donde nacieron
La Lengua Vehicular como factor de exclusión cultural
Fuentes:
José Manuel Blecua: "El catalán está en una posición más débil"
Blecua, nuevo director de la RAE: El catalán tiene que sobrevivir ante la potencia del castellano
Usos lingüístics. Població de 15 anys i més.
lunes, octubre 04, 2010
Margarit y su patético "acento".
Viene de: La cohesión monolingüe; Margarit, como ejemplo.
viernes, octubre 01, 2010
La cohesión monolingüe; Margarit, como ejemplo.
martes, enero 26, 2010
El contrato de integración en el Siglo XV
El error está en entender que estar "integrado" es ser uniformado culturalmente, entender que la integración trata de "costumbres" y no de convivencia entre costumbres, culturas y formas de ser diferentes. De esto último trata la Libertad y el ideal de ciudadanía.
La derecha catalanista o españolista, se pensará muy moderna con estas ideas. Pero hay muchos precedentes de "contratos de integración" en la Historia. Es la vieja idea de "O te integras (entiéndase 'te asimilas') o te expulsamos". Así no es difícil crear "modelos de integración".
Un conocido contrato de integración fue firmado en 1492 por los Reyes Católicos. El "Edicto de Granada" suponía la expulsión de los judíos que no se convirtiesen al cristianismo. Conseguían así, "integrar" a aquellos judíos en la "cultura del país" y deshacerse de aquellos que no se querían integrar. La "cohesió" ganó mucho con ello. La Humanidad, bien poco.

viernes, enero 22, 2010
El nacionalismo "integrador" en la Catalunya "de acollida".
Pero quizás lo más significativo sean las distintas respuestas de las cúpulas de nuestros partidos políticos
Por parte de CiU, Duran i Lleida daba un respaldo total a la iniciativa de Vic o Felip Puig se mostraba igualmente contrario al empadronamiento de sin papeles. Además se insta al alcalde de Barcelona, Hereu, a tomar buena nota de lo de Vic.
Por parte del PPC, Alicia S. Camacho recuperaba el lema de Unió de "No hi cap tothom".
En ERC, para Puigcercós "durante estos últimos años, España ha sido un coladero" y por supuesto la culpa es de España, por no dejar a Catalunya gestionar la inmigración. Es de suponer que entonces no entraría nadie si no es cantando Els Segadors.
Por parte del PSC, se mantuvieron en una censurable ambigüedad, durante una semana, hasta que desde Madrid Zapatero se opuso de manera inequívoca a la medida (¡por fin!). Pero aún entonces, y aún teniendo clara la consigna, Montilla recoge el discurso de la derecha observando que había que rechazar "también el buenismo". Por supuesto, la cuestión es que aquí nadie defendía posturas buenistas, por lo que su declaración le inculpa.
A ello hay que sumar algo sobre lo que se ha pasado de puntillas. La alcaldesa de Salt (que pertenece a la ejecutiva del PSC) resulta que impone medidas parecidas.
¿Y quienes defendieron unos derechos básicos de los desfavorecidos?
El PSOE de Zapatero, justo es reconocer, y se le ha de agradecer.
Ciutadans (la ultraderecha para algunos) donde Rivera denunciaba que "Resulta vergonzoso que las mismas formaciones políticas que manipularon y utilizaron a los inmigrantes para que apoyaran las consultas independentistas, les nieguen ahora el derecho a empadronarse". Y de ello se quejaban esos mismos inmigrantes tristemente. Pensaron que cumpliendo con la idea de "integració" nacionalista (esto es, ser uniformizado cultural e identitariamente) ya habían cumplido.
UPyD (igualmente "ultrafachas") desde donde Rosa Díez señalaba como detrás de la medida de Vic se oculta un discurso "cobarde y xenófobo".
No deja de ser significativo que aquellos que nunca se cansan de hablar de "integración" sean precisamente aquellos que proponen medidas en las que la "integración" consiste en la marginación o la expulsión. Pero ya hemos dicho otras veces que aquí hay quien cuando dice "integració" quiere decir "integrismo"
martes, octubre 13, 2009
Integración y Multiculturalismo, dos formas de discriminar.
(Josep Ramoneda comentando el libro; "El desajuste del mundo" de Amin Maalouf)
Fuente: Babelia.
jueves, junio 18, 2009
Soy quien soy, que no soy yo.
por Félix Ovejero Lucas, El País, 6 de marzo de 2006
Yo no sé muy bien cuál es la lengua de Cataluña. Lo que sí resulta más fácil determinar es la lengua de los catalanes. Según recordaba este mismo periódico en un informe reciente, el castellano, además de la lengua común, es la lengua materna de la mayor parte de los catalanes. Exactamente, mientras el 53,5% de los catalanes tiene como lengua materna el castellano, el 40,4% tiene el catalán. Una diferencia apreciable: 13,1%. Todo eso es conocido y no hay que darle más vueltas, o sólo unas pocas cuando esa realidad bilingüe es negada por las instituciones. Cuando, por ejemplo, en los hospitales la información está exclusivamente en catalán, lo que no es una broma para la población de mayor edad y más pobre, la más necesitada de asistencia médica pública. Claro que se podría aplicar el criterio de Artur Mas cuando, a propósito de la enseñanza, recomienda: "Que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento". Pues eso, que se editen ellos los folletos.
Pero el resultado más llamativo del informe es otro: un 48,8% de los entrevistados cree que su lengua propia es el catalán. Es decir, hay catalanes que consideran que su propia lengua no es su lengua propia. La anomalía no es importante en número pero sí en naturaleza. Todos consideraríamos que ha perdido el juicio un individuo chaparro y cetrino que dijera de sí mismo que, en realidad, como en la copla, él era "hermoso y rubio como la cerveza". Esto es, que no se parece a su propia identidad. Una idea rara. Por definición uno es idéntico a sí mismo. Casi todas las acepciones de las muchas de la palabra "alienación" están recogidas en un comportamiento como éste.
¿Cómo ha podido suceder esta anomalía? No se me ocurre otra explicación que la labor de una clase política que se ha inventado un país que no existe y, sistemáticamente, a costa de lo que sea, se empecina en encajar la realidad en el mito para después reclamar en nombre del mito. Es la historia común de los nacionalismos según la eficaz fórmula de Hobsbawm: la invención de una tradición. En este caso la operación es bastante precisable: una lengua dota de identidad, una identidad sirve de cimiento a una nación y una nación requiere un Estado. Más doméstico y cercanamente, el proceso estatutario es un ejemplo espléndido de cómo se ceba la ficción. La reforma del Estatuto no respondía a ninguna demanda social. Los catalanes estaban muy satisfechos con su grado de autogobierno e, indiferentes a la agitación mediática y a las atosigantes presiones políticas, consideraban la reforma del Estatuto la menor de sus inquietudes. Así lo mostraron sucesivas encuestas que no se ven replicadas por el argumento de que el nuevo Estatuto (¿cuál?) viene respaldado por el 90 % del Parlamento catalán. Un argumento con muchas costuras que, en cualquier caso, no es de recibo cuando procede de quienes forman parte de ese 90%. En particular: si el PSOE apoya un proceso, no puede después alegar que hay que tomárselo en serio porque cuenta con muchos apoyos. Eso es como el jayán que, después de animar a la gamberrada, pillado en falta, alega "es que los otros hacen lo mismo".
Entiéndase, la novedad no radica exclusivamente en que la clase política apenas se parezca a la sociedad catalana. Eso, en principio, no es excepcional. La sociología radical anglosajona de los sesenta mostró convincentemente los muchos abismos sociales que separan a los ciudadanos de sus representantes. Y también que tales abismos no salen gratis. Las redes familiares e informales de quienes comparten colegios, universidades, despachos y parentela deciden el inventario de los problemas relevantes y las soluciones aceptables. No es un problema de mala fe, de que gobiernen al dictado del comité central de la burguesía; es peor, es que, honestamente, los problemas, las "preocupaciones de la sociedad" que reconocen son los de los suyos. Sencillamente, no saben que existen otros. El núcleo cabal de las medidas de discriminación positiva en las instituciones representativas es un intento de responder a esa anomalía democrática.
La particularidad de la clase política catalana es que ese abismo se superpone a una reivindicación identitaria. Al final de todas las intervenciones de los políticos catalanes hay una apelación a una identidad propia. El problema, claro, es que la identidad de la sociedad catalana no se parece a la de los políticos. Para decirlo brevemente, Maragall no es Evo Morales. No forma parte de los excluidos. Más bien al contrario. La evidencia empírica es abrumadoramente elocuente. Por ejemplo, la recogida en la tesis doctoral de Thomas Jeffrey Miley presentada en la Universidad de Yale sobre The Politics of Language and Nation: the Case of the Catalans in Contemporary Spain. Los datos, y son legión, resultan inequívocos: mientras el 43% de la población reconocía que su "identidad lingüística" era el castellano, entre los parlamentarios, cuando se les preguntaba si se consideran castellanohablantes, la cifra se queda en 7,1%. Y algún otro más: mientras, entre la población de origen inmigrante, la tasa de "abandono" de la propia lengua resultaba inapreciable, ese porcentaje era extremadamente alto entre maestros, parlamentarios y políticos locales. En breve, si querían entrar en el club de las almendritas saladas tenían que dejar "la identidad" en la puerta. Y ello sin garantías de atravesar el dintel. Porque la sociedad catalana, en contra de los tópicos, muestra una porosidad feudal a la hora de admitir nuevos invitados: la movilidad social de los últimos veinticinco años ha disminuido respecto a los veinticinco anteriores. Sobre esto también hay solventes investigaciones. Por cierto, también en inglés.
La clase política se ha esmerado en crear un paisaje social a su imagen y semejanza. El empeño ha sido tenaz, se han gastado muchos dineros, se ha tutelado durante años y, aunque magros, los resultados van llegando. No es difícil. La realidad resulta irrelevante para que prendan los mitos tribales. Un conocido experimento psicológico muestra que si en un grupo de personas pedimos que se identifiquen aquellos cuyo número de DNI termina en 7, al rato, los del 7 encuentran que se parecen, que son distintos a los demás. Nada hay más sencillo que fabricar una identidad. Sobre todo cuando se reboza de algunas cuentas trucadas sobre balanzas fiscales, que, por supuesto, siempre se echan entre nosotros, los del 7, y los otros, nunca comparando a los del 7 entre sí.
La tarea ha sido realizada con paciencia mineral durante años. Sin cejar y sin reparar en la pulcritud democrática de los procedimientos, pero discretamente. La novedad es que ahora, con el nuevo Estatuto, se ha dejado por escrito en letras grandes y con los focos iluminando. Absortos en su propia burbuja, los políticos catalanes creían que su mundo era el mundo, y de pronto se sorprenden cuando "en Madrid" se quedan estupefactos ante el nuevo texto y, no menos, ante la escenificación con la que se presenta en el Parlamento español. No es que "en Madrid" estuvieran más cerca de la realidad de Cataluña, es que no estaban tan lejos del planeta Tierra.
Un texto legal no es un inventario de almacén. No tiene que describir el mundo, si los ciudadanos son bajitos, morenos o divertidos. No tienen que decirnos cuál es nuestra lengua apropiada. La verdad es que, si se trata de proclamar simpatía a los textos legales sobre estos asuntos, yo me quedo con la Constitución y el Estatut de la República. Pero, en fin, si resulta obligado jugar a la contabilidad, por lo menos que se cumpla con la exigencia primera del género: la veracidad. El proyecto de Estatuto salido del Parlamento catalán parecía un manual de historia natural. Pero de los del siglo XVI, trufados de animales fantásticos. Lo peor es que ahora, desde los laboratorios, se empeñarán en que los ciudadanos nos parezcamos a centauros, unicornios y quimeras.
miércoles, abril 22, 2009
Segregación en las escuelas.
Se les transmite a estos últimos niños el mensaje de que viven en un país cuya lengua es sólo la catalana, mientras que su lengua está allí como anomalía (por ello es necesaria una “normalització”) como algo indeseable que ha de ser corregido.
Al niño, así, se le traslada un sentimiento de culpabilidad, hereda todos los abusos que en un pasado se hicieron en nombre del castellano, y él, si es que quiere ser aceptado, ha de renunciar a su cultura.
Los niños castellano-parlantes no tienen en la calle, problemas de “integración”. En la calle, en Catalunya, se mezclan sin problemas niños castellano-parlantes y niños catalana-parlantes. Es cuando llega a la escuela (o a través de los medios, televisión y radio) cuando se le intenta trasladar el mensaje de que se “han de integrar”, que su lengua no es la buena del “país”.
Es aquí cuando se da la segregación. Niños iguales, nacidos y socializados todos igual en Catalunya (es todo lo que conocen) son distinguidos entre los del “país” y los que se han de “integrar”. Los que tienen derecho a sentirse ofendidos, por tener que soportar la coexistencia de una lengua que les es ajena, y los que han de sentirse culpables, por tener una lengua propia de “colonizadores” e impuesta por la fuerza. Estos niños ya llevan un “pecado original”. Su redención viene por la “conversión”. Sólo si pasa a ser “catalana-parlantes) (esto es, catalán), podrá ser considerado “del país” y no mero “español”, ser una “català com cal”.
lunes, diciembre 29, 2008
Los No-Muertos; Vampiros en Catalunya
Hoy ya hay en Catalunya un ámbito más en el que el monoligüismo se ha impuesto y la neutralidad institucional que garantizaría la igualdad ha sido despreciada. El “Pacte per a la Immigració” demuestra el desprecio del nacionalismo a las libertades individuales, y lo más importante, la libertad a ser como uno quiera, a darse y permitirse uno a sí mismo la propia identidad. Para estos campeones de la identidad, la identidad de los que somos la mitad de los catalanes, la que no es la suya, es un estorbo y les importamos poco.
Montilla ha declarado; "Queremos que nos respeten, que conozcan quiénes somos, cómo somos y qué somos, que conozcan y respeten nuestra lengua, costumbres y tradiciones". Habla en nombre de todos, pero sólo se refiere a una cultura, a una identidad, a la que le es dado defender. Los demás no existimos estamos excluidos. Hay catalanes que en cuanto catalanes, no tenemos “identidad” ni lengua. Somos como los vampiros de las viejas películas, no tenemos alma (unos “desalmados”) nuestro aliento es frío, y nuestra imagen no se ve reflejada en los espejos, por lo menos en esos espejos modernos que son las instituciones, los políticos o las televisiones y radios catalanas.
En este mundo de vivos sobramos. Molestamos. Cuando por casualidad se nos ve, el pánico se extiende, y todos los encargados de guardar nuestras almas, políticos y periodistas corren raudos a negarnos. Sólo fue un espejismo, una pesadilla, quizá del pasado, los muertos en vida. O también los no-muertos. Los no-integrados, que necesitamos la estaca de la “normalització” para pasar a descansar en paz, para dejarles descansar en paz. Si una noche, alguien oye un ruido, es mejor no mirar, o no dejar de mirar TV3, lo que uno se podría encontrar es horrible...que los vampiros existimos, y estamos mezclados con los vivos. Tan mezclados que hay incluso quien dice, que el mismísimo President es uno de ellos, por ello no suele sonreír, y procura hablar poco...podrían delatarle los colmillos.
miércoles, diciembre 24, 2008
¿Esto es la multiculturalidad?; "La integración de todos en una cultura única".
La consellera de Acció Social i Ciutadania, Carme Capdevila ha declarado que la lengua de acogida "no puede ser otra" que el catalán. Qué le importa a ella si el inmigrante vive en un barrio donde todo el mundo se expresa básicamente en castellano, qué le importa si va a necesitar esta lengua para “integrarse”. “Integrarse” realmente, allá donde la gente se integra, en su barrio, en su pueblo, y no en la “Catalunya ficticia" de los políticos. Que se ponga este recién llegado primero a estudiar la “llengua d'integració” a la Patria, y las dificultades reales de integración, el cacao mental de la persona, la que ríe, llora y sufre, su sentimiento de impotencia, todo eso...¡pues no haber venido!
La conformación de un equipo de “inspectores de catalanidad” que al parecer es la fórmula escogida, donde lo que se le valora a alguien es si lleva bien calada la barretina, donde lo valorado son méritos culturales y no cívicos, va a poner a Catalunya a la cabeza del conservadurismo reaccionario de Europa.
Carme Capdevila asegura para justificarse que la gente "quiere vivir en una sociedad diversa, no en una diversidad de sociedades". Frase que oculta un trasfondo de aborrecimiento a la diversidad (la auténtica, la que es libremente escogida y no la anecdótica del beber té y comer couscous en festejos mediáticos) cuando no directamente una mal disimulada xenofobia. Y eso se pone bien a las claras con otra de sus frases, según la consellera lo que nos propone el pacto es "la integración de todos en una cultura única". Esa es la tolerancia cultural de nuestros dirigentes, ese el verdadero amor a la diversidad cultural, eso es lo que cree el nacionalismo en la multiculturalidad. No quiero ni pensar lo que hubiese temblado la tierra (y con razón) si a alguien de Madrid se le hubiese escuchado una frase parecida.
lunes, diciembre 22, 2008
La anulación de la diversidad (revisited)
Si nacionalismo de verdad defendiese las diferencias no procuraría, como hace, aplastar sus propias diferencias interiores.
Lo que busca el nacionalismo es homogenizar su sociedad, impedir la pluralidad y las diferencias. Permitir sólo las diferencias homologadas. Diferencias siempre respecto al exterior, del que se intenta impermeabilizar.
Para el nacionalismo la diferencia dentro de la propia sociedad, o Nación, está proscrita.
viernes, diciembre 12, 2008
Musulmans abans que castellanoparlants
Perdonin , però amb el màxim respecte per tothom, no comparteixo aquestes idees. Jo si he d'emigrar aniré abans, si puc, a Mèxic o Perú que a Pakistan o la Xina. En justa correspondència, si puc escollir, em sento més proper als llatinoamericans que a d’altres ciutadans del món (excloem els europeus que són estrangers però no es consideren immigrants i sembla que la seva presència no preocupa, encara que també són més difícils d'assimilar lingüísticament que els provinents d'Àsia o Àfrica).
No m'estranya que alguns partits siguin poc inclinats a facilitar el vot dels immigrants. Saben que obtindran pocs vots d'aquest col·lectiu per heterogeni que sigui. El que està en perill no és Catalunya sinó l’hegemonia política i ideològica de determinades elits socials.
La llengua també és una excusa. Obama, ara tan reivindicat, no només no ha criticat la immigració llatinoamericana, també als EUA més poc inclinada a abandonar la seva llengua, sinó que ha fet una campanya específica en castellà. Clar que potser algun blanc anglosaxó també haurà cridat "botifler".
Fuente: eldebat.cat
lunes, septiembre 15, 2008
Homogeneización: La creación de una obligación moral.
DESTINO: CATALUNYA MONOLINGÜE. (III)
Lo que busca Carod-Rovira con la campaña para que los catalano-parlantes dejen de usar el castellano es eso, un nuevo acto de dirigismo e ingeniería social desde la política para decirnos cómo hemos de comportarnos los ciudadanos en la sociedad. Decirnos quién es un "buen catalán" y quién no, o quién, vamos, ni siquiera es catalán. Luego nos vendrán con el cuento de la "cohesión" cuando son ellos quienes , con estas medidas de intervencionismo social, primero la tensan.
El nacionalismo catalán tiene un problema. En países democráticos no se puede obligar a la gente a hablar en el idioma en el que uno quiere que hablen (e incluso en países n democráticos esto es muy complicado). Pero se tienen al alcance, si no hay una clase política íntegra que lo impida, otro tipo de medidas.
Lo fundamental es que la gente asocie el idioma que se quiere imponer a "lo nuestro" y el otro a "lo extranjero". Después es crear una obligación moral de hablar ese idioma. Esta obligación se puede justificar en eso mismo, en que esta "es nuestra lengua", aunque la mitad de la población no la tenga como propia. Y eso convierte implícitamente a la mitad de la población en extranjeros no integrados de un plumazo. O en otras tan peregrinas como en que está a punto de desaparecer, cuando naturalmente no se tiene constancia que ningún idioma del mundo, con 10 millones de hablantes haya desaparecido.
La manera en la que los castellano-parlantes tratamos a los nuestros (la lengua que usamos con nuestra familia y con nuestros seres más queridos) es hablando en castellano, y se supone que también debe ser una falta de respeto que cambiemos nuestra lengua al hablar con alguien de fuera. ¿no?.
Y es que oyendo hablar a Carod, y por extensión a la mayoría de políticos de Catalunya, a uno le dan ganas de saltar y agitando los brazos gritar; "¡Eo! ¡que estamos aquí! ¡mirad, aquí! ¿no nos veis?"
jueves, enero 10, 2008
Vidal-Folch tacha a Pujol de Xenófobo
Oriol Pujol es incapaz de negar la acusación de xenofóbia a su padre, quizá porque es algo que o no condena o ve irrefutable. Sin embargo la acusación debiera parecerle gravísima, y una persona integra no debería pasar por alto sin reproches, al menos si la cree infundada. La contestación de Oriol se queda en que la inmigración es un grave problema ante el que no cabe girar la cabeza.
No aclara en qué sentidos entiende que sea un problema, quizá uno de ellos sea que peligran las “esencias”
Xavier Vidal-Folch le recuerda que la posición de Pujol padre hoy no es muy diferente a la que exponía en su libro “La inmigració, problema i esperança de Catalunya“.
Y le recuerda que todos somos inmigrantes; “Si estamos aquí es que un día vinimos”. Amén.
Y que (contra las esencias) Catalunya no sólo se conforma con la aportación de los diferentes “inmigrantes” que han ido llegando, sino que no es un proyecto “acabado”, Catalunya aún se está haciendo. Amén bis.
Sólo recordar lo que Pujol decía hace nada (Julio del 2007) lejos de rectificar sus posiciones sobre la inmigración de antaño:
La relectura de mis escritos de entonces me hace sentir satisfecho. Porque veo que hay una continuidad de pensamiento que mantiene su validez hasta hoy mismo. Un pensamiento y una actitud que reflejaba bien el título de la recolección de textos que publiqué en los años 70: "La immigració, problema i esperança de Catalunya". Que es lo que realmente es. Hay quien ha querido negar ahora que para Catalunya la inmigración sea un problema, o incluso en ciertos aspectos un riesgo, que lo es. Lo era en los años 60 y 70, y lo es ahora la nueva inmigración. Hablaré después. Y era y es una esperanza. O una oportunidad como algunos dicen.
[...] Pero era un riesgo para nuestra sociedad, de hecho para todos, desde la perspectiva social, de la convivencia y también -conviene subrayarlo- de la identidad catalana y de la cohesión del país."
jueves, junio 21, 2007
Intégrense en la Catalunya donde nacieron.
Para quien no haya tenido la suerte de visitarlo, añadiré que es un país bilingüe, cosa que no quiere decir, como algunos maliciosamente quieren hacer creer, que toda la población sea bilingüe sino que está mayoritariamente compuesta por dos comunidades lingüísticas diferenciadas, con independencia de las diferentes lenguas que pueda conocer cada individuo (hay quien conoce dos, tres, cuatro lo más lenguas, como en cualquier lugar, cada caso es un mundo)
Prosigo explicando que Catalunya ya era bilingüe cuando llegué yo al mundo, cuando nacieron mis padres... Cuando nacieron todos los catalanes que estamos hoy vivos ya era un país bilingüe, aunque en diferentes proporciones (Por ejemplo, durante la Segunda República se calcula que un 30% de la población tenía el castellano como lengua materna).
Con ello quiero subrayar que nadie hoy puede decir que haya conocido una Catalunya diferente en este aspecto. La Catalunya donde nacieron ya era así.
Y sin embargo, hay por aquí algunas gentes (aunque por suerte son minoría) con las que en conversación te pueden decir, (de una forma indirecta a veces, otras veces tienen la cara dura de decírtelo directamente) que hay que “integrarse” al país. Es algo difícil de entender, es como si le dijesen al árbol que se integre al bosque...¡pero si es parte del bosque!.
Lo que entienden estas gentes por “integrarse” es que hables en una de las dos lenguas, el catalán, y dejes el castellano para casa o para los “extranjeros”.
Quiero pedir a estas gentes, catalanes como yo pero que parecen no conocer su país, que se integren. Que hagan turismo por Catalunya pero con los ojos, y los oídos, bien abiertos. Que no se dejen cegar por sus prejuicios, que no crean que sus ensoñaciones son más reales (“más Catalunya”) que la realidad misma.
Si de verdad quieren ser “muy catalanes” deben hacer un esfuerzo de integración y entender que nuestro país es diverso. Que se expresen en catalán, pero que respeten a aquellos otros catalanes que como él desean seguir manteniendo sus señas de identidad intactas, (sean éstas el catalán o el castellano).
Les recordaré, además, que la no aceptación de otras culturas es un síntoma de intolerancia y etnicismo, que se agrava cuando esta discriminación es sobre unos compatriotas con los que se convive en el día a día. Entonces esta no aceptación se convierte en auto-rechazo, porque lo que no se acepta es una parte misma de la cultura catalana.
Háganse un favor, a ustedes y a Catalunya, intégrense en nuestro país.
Gracias.



