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miércoles, noviembre 12, 2014

9N: ¿Quién dijo que la abstención no se cuenta?

Ya tenemos nueva consigna a difundir por el nacionalismo: “La abstención no se cuenta”. Axioma ad hoc imprescindible para el cinturón protector de toda su cosmovisión. La propia web que ha montado la Generalitat ha asumido el axioma desde el principio. No ofrece porcentajes de participación, pero tampoco se limita a ofrecer los datos brutos. Sí ofrece porcentajes del voto emitido. Lo mismo hizo TV3 y todos los medios de la caverna nacionalista. 

¿Pero, desde cuando la abstención no se cuenta? La abstención no solo se ha contado y se cuenta siempre en cualquier elección o referéndum, sino que es el primer dato que se ofrece al cerrar los colegios electorales. La abstención no sólo no es irrelevante sino que es la medida de la legitimidad de la votación realizada. Una abstención suficientemente elevada puede deslegitimar e incluso anular la votación completamente. Recordemos como votaciones de años pasados con abstenciones del 40% crearon un clima de crisis política. Se cuestionaba a los partidos políticos y se hablaba de la gravedad de la desafección que afectaba al sistema.
Decían que un 80% de catalanes querían votar, pero no debían quererlo mucho cuando solo lo hicieron un 35%. La abstención en el 9N ha sido del 65%. ¿No les sirve eso a nuestro periodismo y propagandismo mediático para cuestionarse nada? Todo lo contrario, es un éxito de participación y una clara expresión de la voluntad catalana.

La abstención es tan importante que normalmente en referéndums de independencia se ponen unos mínimos de participación previos, que se han de cumplir para dar validez a la consulta. La propia Unión Europea exigió a Montenegro un mínimo del 55% de participación para validar la independencia. Pero es más, apenas hace un año en Convergència decían que para dar legitimidad a una consulta la participación mínima debía ser del 50%. La vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, iba mucho más allá y consideraba un 68% de participación el umbral mínimo.
“Si hay una participación de un 30%, pues oiga, a mí personalmente me parece que no es suficientemente importante como para legitimar este resultado. [...] A lo mejor habría que volver a replantearlo dentro de unos años, tampoco pasaría nada. [...] El resultado ha de ser suficientemente claro y la participación ha de ser suficientemente alta”.
Pero lo que es más de traca es que se vaya diciendo que la abstención no cuenta y al mismo tiempo estén cifrando la medida del éxito del 9N en la participación. 2.300.000 personas fueron a votar, dicen, y lo repiten una y otra vez. Pero abstención no es una medida diferente a participación, es solo su reverso, y esa medida se la callan. Yo se la digo, porque no la habrán oído en ningún medio. A pesar de que según ellos la actitud del Estado español fomentaba la participación (ahora dicen lo contrario) y que mucha gente no independentista que no votaría lo iba a hacer el 9N como voto de castigo a esa España, a pesar de que era el momento de demostrar que “volem votar” y que tan importante era eso para nosotros, 4.000.000 de catalanes no fuimos a votar.

Dicen que la abstención no se interpreta. No, señores moldeadores de la opinión catalana, la abstención siempre se interpreta y siempre lo habéis hecho. Pero veamos de dónde sacan la falacia. Cuando se hace no un referéndum, sino unas elecciones partidistas, hay quien puede culpar de sus resultados a que sus votantes no se han movilizado. De forma que ellos en realidad representan más al país de lo que muestran los resultados. Esto resta legitimidad a la elección (no sería representativa). Por ello se dice que el voto del que se abstiene no puede ser utilizado por ninguna de las partes. Pero en realidad sí se hace habitualmente. Se dice por ejemplo que la izquierda es más abstencionista o que el partido que propone el cambio siempre moviliza más. Pero la cuestión es aceptar el resultado y no contar a esos potenciales votantes. La abstención en estos casos sí se cuenta para otras cosas, como antes decía, es la medida de legitimidad o de desafección política de la ciudadanía. Y es una medida básica.

Cuando en lugar de unas elecciones partidistas la elección de la que se trata es un referéndum la medida de la participación es básica, tanto como el resultado. Aquí tenemos un ejemplo claro de cómo se desestimo el resultado de la Consulta de la Diagonal por su baja participación (12%) y cómo por ello tuvo que dimitir el Primer Teniente Alcalde y cómo le costó la carrera al propio alcalde Jordi Hereu. En un referéndum las opciones no son una multitud de partidos, sino una cuestión. Si la cuestión no interesa o directamente el referéndum no es aceptado, es un factor tan decisivo o más que la propia respuesta a la cuestión. Pero eso aún se multiplica por 100 si los propios promotores de la consulta, desde el principio pero aún hoy, identifican el éxito del proceso no tanto en el resultado como en la participación. Es tan absurdo que da vergüenza explicitarlo: No es lo mismo acabar una carrera en 5º lugar cuando corren 100 que cuando corren 5 personas.

martes, agosto 10, 2010

La unanimidad catalana se cimienta en la exclusión.

Lo de la "unanimidad catalana” es seguramente, de todo lo que ha pasado en los últimos convulsos meses, lo más grave y aquello que más clama al cielo, y sin embargo lo que más ha pasado desapercibido, incluso entre aquellos que han sido expulsados de esa "unanimidad". Hasta tal punto en la Catalunya de hoy, vemos con normalidad lo que es totalmente aberrante.

Y es que absolutamente todos los medios catalanes, públicos y privados, diarios, emisoras de televisión o de radio, han partido de la premisa de que "Catalunya" como un todo coincidía en su postura –frente a “España”- sobre el Estatut. Catalunya se movilizaba, Catalunya estaba siendo agraviada, Catalunya se “desafeccionaba”. No sólo eso, todo ello ha formado una campaña continua, día tras día en largos meses, páginas y páginas, horas y horas de emisión.

Nuestros gobernantes, junto a la oposición mayoritaria, han argumentado continuamente como si en Catalunya hubiese dicha unanimidad. Se podía discutir cuál era la respuesta oportuna frente al “agravio”, pero el agravio mismo era indiscutible, y todos los catalanes éramos los agraviados. Discutir eso sólo era pensable en un anticatalán, en alguien que desde su miseria, odia a Catalunya. Los diarios podían hacer “editoriales conjuntos” porque en esa voz estaba la voz de Catalunya, todos éramos partícipes y a todos nos representaban esos diarios, esos políticos, esa “societat civil”, esos “comunicadores” radiofónicos. Se suponía que un gobierno, por más que sea formado por un (o tres) partido, defiende a todo el país, se suponía que los medios , especialmente los públicos, representan la pluralidad del país.

Y ahora resulta que no, que en una encuesta que publica uno de esos diarios de voz unísona, prácticamente la mitad de los catalanes no estábamos con eso. Y esos datos a pesar de toda la terrible campaña mediática y de esos supuestos tácitos que hablaban en nombre de Catalunya asegurando que “o estás con nosotros, agraviado, o no eres parte de nosotros, no eres catalán”.

La supuesta “unanimidad” catalana no es sino una intolerable falta de pluralidad, parte de un terrible proceso de uniformización de la sociedad catalana en el que la “diferencia” o la “diversidad” no tiene cabida. Quien pretenda divergir no tendrá acceso al discurso público, y cuando ya esté en él será considerado un outsider. La exclusión del discurso público del que no acepte las premisas nacionalistas es lo que posibilita la "unanimidad".

¿Cómo queda todo? Igual que se ignoraba a toda esa masa de catalanes sin la encuesta se ignora tras ella. ¿Muestra el rotativo o algún otro medio algún tipo de extrañeza? No, el diario aún tenía la cara dura de titular el artículo, siguiendo con su argumentario con un negacionista; “El 10-J suscita una mayoritaria ola de simpatía” ¿Habla alguien de esa mitad ignorada? No, por un motivo muy sencillo, hoy día el control político-mediático es de unas élites, y para ellos no existimos.


Relacionadas:
Catalunya: Un sólo altavoz para distintas voces.
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¿Problema catalán o Problema español?
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jueves, agosto 05, 2010

La goma elástica independentista de El Periódico.

Después de la manipulación descarada de todos estos meses de El Vanguardiórico, los diarios colectivos de los Editoriales conjuntos y las unanimidades catalanistas para presionar sobre el Constitucional, ahora según El Periódico sólo el 16% de los catalanes es independentista. Claro, es que el Tribunal Constitucional ya ha dictado sentencia, ahora toca rebajar tensión, que se acercan las elecciones y a los señores del PSC los votan más bien seguidores de "La Roja".


Recordemos (comento sólo la  parte de El Periódico, pues como señalo todo esto era una estrategia conjunta con La Vanguardia): El 22 de diciembre El Periódico publicaba una encuesta, según la cual el 39% de catalanes diría sí a la independencia (el 40% diría no). el editorial de ese día se titula: "La desafección no es ningún invento"


El 19 de junio El Periódico vuelve a publicar una encuesta según la cual el 48% diría sí a la independencia (frente al 35% que diría no). El artículo que informa se abre con: "España es un mal negocio para Catalunya. A esta conclusión están llegando cada vez más catalanes, hasta el punto de que la mitad confiesan ahora que podrían canalizar esa desafección con un voto afirmativo en un referendo independentista."

Ahora (el pasado lunes) nos hablan de un 16% de independentismo tan tranquilamente, El Periódico no ha tenido ni la decencia de ir "rebajando" los porcentajes del independentismo poco a poco para que no se notas.


El titular de ese lunes era "Los catalanes prefieren un mayor autogobierno a la independencia". Vamos, que en una línea no se puede resumir mejor el  cambiado argumentario que se está lanzando desde los círculos de influencia del PSC tras la sentencia. El Editorial con que abre el diario es "Más autogobierno y apoyo a la Roja" . Joan Tapia publica un artículo, el mismo día, con un "Irritados y catalanistas...pero también prudentes", y un artículo nos recuerda; "El 10-J suscita una mayoritaria ola de simpatía", pese a que los datos que dan indican una clara división de la sociedad en dos mitades en su postura frente a la manifestación (nada que ver con la unanimidad mediático-política catalana). Esa circunstancia no merece el menor momento de reflexión.

O sea, que según las estadísticas del diario, los datos llevaban a un "aumento de la desafección". Y ahora resulta que el independentismo está al 16%, más o menos igual o aún por debajo de los datos que se daban antes de todo este asunto. Luego, lo que ha sucedido en realidad, según su lógica, es que la "desafección" en lugar de aumentar ha descendido con todo el asunto del Constitucional.

Relacionadas:
¿Desafección? ¿Qué desafección?
La Sociovergència y El Vanguardiórico
Los "españoles" se han tragado lo de la "desafección"

miércoles, junio 23, 2010

La Sociovergència y El Vanguariódico.

El 26 de noviembre de 2009 se publica  el editorial conjunto "La Dignidad de Catalunya". La firman 12 diarios, pero en realidad se ha elaborado entre "El Periódico" y "La Vanguardia", algún diario tiene que publicarlo un día después pues ni siquiera disponía del texto.

El 22 de diciembre El Periódico publica una encuesta, según la cual el 39% de catalanes diría sí a la independencia (el 40% diría no). el editorial de ese día se titula: "La desafección no es ningún invento"

El 3 de enero La Vanguardia publica una encuesta según la cual el 61% de catalanes rechaza que el Constitucional recorte el Estatut, mientras el 61% de españoles lo aprueba. Esto, según el diario, "demuestra" la desafección. Titula su artículo "Divorcio entre Catalunya y el resto de España por la sentencia del Estatut"

El 19 de mayo La Vanguardia publica una nueva encuesta según la cual el 37% de catalanes diría sí a la independencia (el 41% diría no), otra de las preguntas será si se cree que el TC tiene legitimidad para juzgar el Estatut, "Los catalanes creen que el TC no tiene legitimidad para juzgar el Estatut"

El pasado 19 de junio El Periódico vuelve a publicar una encuesta según la cual el 48% diría sí a la independencia (frente al 35% que diría no). El artículo que informa se abre con: "España es un mal negocio para Catalunya. A esta conclusión están llegando cada vez más catalanes, hasta el punto de que la mitad confiesan ahora que podrían canalizar esa desafección con un voto afirmativo en un referendo independentista."

Habría que preguntarse qué les ha dado a estos rotativos con esta insistencia en unas encuestas sobre un tema que durante años se podían contar con los dedos. Pero hasta para el más torpe es evidente; ponen el porcentaje, después la palabra "desafección" y después Tribunal Constitucional - Estatut.

La cuestión es que el 25 de febrero y según el CEO de la propia Generalitat sólo el 19% de catalanes desea una Catalunya independiente. (Claro que un 29% desearía un "estado dentro de una España federal" y también es cierto que puede haber quien, desde el desconocimiento, interprete eso como "una España confederal", pero yo, por ejemplo, estaría entre ese 19% de federalistas).

Pero lo peor son los resultados de las consultas, que parecen demuestran más. Tanto "català emprenyat" y "desafeccionado" -que podría provocar el voto independentista como farol, sólo para asustar/avisar- y resulta que la última convocatoria ha dado un 14% de participación.

Lo genial, el enfoque de El Periódico: "El independentismo abre una brecha en el Área Metropolitana". Es de risa, porque como muestra ponen a Mataró, que saca un escaso 23%, obviando el 6% de Sant Boi o Esplugues, el 8% se Sant Feliu o el 10% de Cornellà... ¿eso es la "brecha"? ¿eso es "desafección"?.

Para más inri, el diario no puede evitar desvelar, en el encabezamiento del artículo, cuáles son los réditos que esperaba sacar de estas consultas, buscando excusas de por qué no ha sido así:
"No es lo mismo una encuesta que un referendo. Quizá por eso, el auge del sentimiento independentista y la desafección respecto a España que se plasman en los sondeos no se trasladan a las urnas, por mucho que los partidos soberanistas se vuelquen en ellas."

martes, mayo 11, 2010

El Nacionalismo, cosa de élites.

Muy curioso lo que Antonio Franco (ex-director de El Periódico), afirma en un artículo sobre las consultas independentistas. Lo triste es que su supeditación al PSC le haya llevado en la práctica a colaborar más que activamente en la consolidación de esa dualidad de un pueblo que mayoritariamente no es nacionalista por un lado, y unos medios de comunicación que, sosteniendo al poder político, transmiten un visión de Catalunya completamente diferente, como si se tratase de un ente uniforme de gran "sensibilidad nacional".

Lo cierto es que la realidad lo desmiente día a día . Y lo hacen no sólo estas consultas, que tiran por los suelos esa creación mediática de la desafecció, sino comparando la participación de la población en las elecciones generales, con la que se da en las autonómicas o incluso la que se dio en el referéndum para la aprobación del Estatut.

Pero no debe ocultar tal cosa el relativo éxito del trabajo de estos medios de comunicación al servicio de las oligarquías catalanistas. El nacionalismo (y con él el independentismo) crece día a día, y a una velocidad exponencial, gracias a la comunicación de esta cosmovisión nacionalista (de la que participaba Antonio Franco desde El Periódico, por más que allí se busque el "encaje" en España, se hace acatando servilmente las premisas nacionalistas. Y aceptadas sus premisas, las conclusiones sólo pueden ser diferidas). Ello es lógico, al final la población se hace una idea de lo que sea el país, a partir de lo que se le dice, constantemente, en los medios.

"Los partidarios de la independencia ponen mucho interés en que sepamos que están muy satisfechos por los resultados de las tres oleadas consecutivas de consultas. Pero la realidad es que, después de la participación de un 41,09% en Arenys de Munt, no han dejado de recibir noticias desalentadoras para su proyecto. Seleccionaron con inteligencia esta localidad para convertirla en un estímulo para la participación de las demás, pero luego, al encarar el conjunto de la Catalunya real, cada vez son menos los que se acercan a las urnas, a pesar de la propaganda y a pesar de que, cosa llamativa, el tratamiento mediático, incluso por parte de los medios públicos, sea propio de una consulta trascendente.

(...) Revela que el independentismo es sobre todo patrimonio de la Catalunya menos industrial, menos tecnológica y menos cosmopolita. O, para expresarlo de otra manera, dicho sea con todos los respetos hacia los valores de las pequeñas localidades, de la Catalunya más alejada de la imagen moderna, dinámica y urbana que intenta proyectar internacionalmente nuestro país. Enlazando dos elementos ya mencionados, podríamos decir que, mientras nuestro secesionismo es bastante rural, en las ciudades únicamente es predominante entre el sector de los comunicadores que se expresan desde los grandes y medianos medios de prensa, radio, televisión e internet, es decir, entre los profesionales que configuran la llamada opinión publicada."

Antonio Franco


La Catalunya de la consulta independentista

jueves, abril 29, 2010

¿Desafección? ¿Qué Desafección?

Se supone -eso nos repiten machaconamente en nuestros medios de comunicación, en aquellos que llaman “del país”- que “Catalunya” está al borde de la sublevación por el asunto de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut

Se supone que tal asunto ha creado una “desafección” nunca vista de “Catalunya” por el trato recibido por parte de “España”.

Se supone que el independentismo ha crecido, a partir de esa “desafección” tan cacareada por nuestros políticos, hasta límites insospechados.

La oportunidad de demostrar dicha “desafección”, esa pasión levantisca, estaba servida. Una nueva oleada de consultas independentistas se preparó para el 25A.

Se suponía que en esta "consulta", a todos esos nuevos independentistas creados por la "desafección" se les habría de sumar, a parte de los independentistas que ya lo eran, los de toda la vida, una Catalunya en masa encolerizada por ese trato recibido de “España”, un aviso, aunque fuese de farol, de que o aceptan nuestro Estatut sin tocar una coma, o mejor nos vamos, Adèu Espanya…!!!

Se suponía..., claro... La realidad no es la que a ellos (políticos, periodistas, alta burguesía, establishment en general...) les gustaría. Sus avisos no son alertas, prevención ante lo que puede pasar por un "pueblo de a pie"
desafeccionado y descontrolado... Todo lo contrario, buscan crear la tensión, buscan que su idea de "Catalunya" se imponga por encima de la Catalunya real. La desafección sólo existe en aquellos que siempre la tuvieron, aquellos que incansablemente crean agravios para justificar su separatismo o sus intereses ocultos.

Los resultados de la consulta, una vez más, son contundentes. De desafección, nada de nada, de movilización revolucionaria, menos. Un 20% de participación y a la espera de que la consulta se haga en las grandes ciudades, Barcelona y su entorno, donde la cosa puede ser ya de órdago. (Sólo hay que ver que en la ciudad con más habitantes en que se ha celebrado hasta hoy, Lleida con 114 mil, la participación es del 8%).

Pero no importa, ellos seguirán con su cantinela. Porque hablar de que existe la "desafección" ya es hacer que exista en cierta manera.



Enlaces:
La Vanguardia
Decidim.cat (datos de todos los municipios)

miércoles, abril 21, 2010

Las dos teorías del aumento del independentismo.

Hay una teoría, que se está generalizando hoy día (hasta el punto que está siendo utilizada incluso en el resto de España) según la cual sería el trato dado a "Catalunya" por España -o por los españoles, o por el PP, o por el Tribunal Constitucional, etc...- el que estaría provocando una conversión masiva de catalanes que se sienten españoles al independentismo.

Curiosamente, según esta teoría, la democratización y descentralización de las instituciones, la consecución de la autonomía y progresivo avance del autogobierno catalán desde el franquismo hacia aquí, en lugar de ir reduciendo el independentismo lo que ha conseguido es ir aumentándolo.

Otra teoría, al parecer absurda, supone que la promoción del independentismo desde medios de comunicación e instituciones es la que está generando más independentismo.

Pero claro, ésta última teoría no les sirve a los nacionalistas para chantajear al no-nacionalismo ingenuo...

viernes, marzo 26, 2010

Los "españoles" se han tragado lo de la "desafección".

Empieza a ser muy común la idea de que cediendo a las pretensiones del nacionalismo catalán se llegará a un estabilidad y el nacionalismo se va a volitilizar como por arte de magia. Lo contrario, piensan, lo que provoca es la extensión del independentismo y el desapego a "España".

Desde luego, no conocen la naturaleza del nacionalismo. El nacionalismo crece por su promoción, y no por ninguna clase de "desafección", concepto que no es más que una ficción, una invección manufacturada en parte en el mismo laboratorio en el que lo fue el
"català emprenyat" hoy eludido porque unas elecciones dejaron bien sentado que no existía más que en los despachos en que se reune el G-16 y por los pasillos del Palau.

El "català emprenyat" como los "desafectos" son los mismos, los que siempre están, estaban y estarán, emprenyats y desafectos con
"España" sencillamente porque no se sienten españoles, ni se lo sentirán nunca por más cesiones a su posición se hagan. Son los nacionalistas y su misma naturaleza, y su propia supervivencia, se basa en ese descontento insaciable.

A ello se suma un segundo problema. Cuando desde el resto de España se habla de ello, se habla de "Cataluña" o los "catalanes" como si la condición nacionalista fuera la exclusiva, la de todos. Es decir, también
se tragan el argumento nacionalista de que hay una homogeneidad y una preocupación general por estos temas en Catalunya. Quiere decirse que, puesto que todos los catalanes somos nacionalistas, la cesión al nacionalismo se ve como la única salida posible. O se cede o se acaba España. Transmitir esa imagen de unanimidad es algo a lo que dedican los esfuerzos de nuestros políticos y de nuestro stablishment burgués (entre los cuales sí que casi se da esa unanimidad) y con ese objetivo se emprenden iniciativas como la del "editorial conjunto". Poco importa que, según una encuesta de la propia Generalitat, sólo el 3,4% de catalanes responda que el problema más importante de Catalunya es la relación Catalunya/España.

De esta forma se está extendiendo triunfalmente en España, la idea de que se ha de ceder al nacionalismo o el independentismo crecerá aún más, que la única manera de construir España es colaborando con quienes no soportan la idea de España y planean deshacerla. La realidad, por supuesto, es la inversa. El nacionalismo, y con él el independentismo, como todo en el mundo, crece cuanto más se le alimenta. De hecho, desde la transición democrática hasta hoy, cada nuevo paso en el autogobierno lejos de ir apagando progresivamente el ardor nacionalista lo que ha conseguido es, con más confianza en su aumentada fuerza, insuflarse aún más. El nacionalismo no ha hecho más que crecer, y esa es la tendencia a menos que se empiecen a escuchar las voces acalladas del no-nacionalismo, tan presentes en la calle, pero tan invisibles en los medios.

Por eso desde España, lejos de dar más pábulo al nacionalismo, quien quiera realmente que no continue esta espiral acelerada del independentismo, lo que debieran es acentuar su apoyo a la realidad
plural de Catalunya. La comprensión y justificación desde el resto de España de los desmanes del nacionalismo es la auténtica fábrica de independentistas por vía de la eliminación de la diversidad actual. La justificación de la inmersión escolar en catalán (que transmite al niño que la única lengua legítima es la catalana), la consideración de que el catalán sea "lengua propia" de Catalunya (y el castellano, por lo tanto, impropia), la exclusión efectiva del castellano de las instituciones y la vida pública o, sobre todo, la criminalización del catalán disidente, de aquel que denuncia dichos excesos, lo que consigue es eso, que cada vez menos personas se atrevan a protestar ante la visión uniformista de la "construcció nacional" y a la vez cada vez más personas vayan aceptándola como algo "normal", como algo ante lo que sólo cabe la sumisión y el acomodamiento, y por supuesto, nunca la protesta.




miércoles, marzo 03, 2010

La desafección y la ley electoral.

El nacionalismo tiene una necesidad continua de crear conceptos para justificar artificios que no son próximos a la realidad de las personas, pero que son necesarios para que su debilidad intelectual no quede en evidencia. Lo es el mismo término de “Nación” en el sentido que tiene para el nacionalismo, lo es el concepto de “identidad nacional”, de “normalització”, de “lengua propia”, de “integració al pais”, lo era el de “català emprenyat” y desde la misma factoría de este último, lo es el de “desafecció”.

Inventado como forma de chantajear a “España” (“o hacéis lo que decimos o aumentará la desafecció”) y tan poco consistente con la realidad como lo fue el invento, hoy olvidado en un rincón, del “català emprenyat” enseguida fue necesario reconvertirlo para una situación de extrema urgencia.

Cuando estalla el “Caso Palau” el interés del establishment fue desvincularse como fuese de una historia que evidenciaba el funcionamiento oligárquico que se esconde bajo la senyera. Lo primero fue una campaña para hacer creer que se trataba de un vulgar caso de “choriceo” sin implicaciones políticas. La empresa parecía imposible, pero nada es imposible si controlas los medios que informan sobre ello. Al final nos vendieron eso, para nada valía la pena recordar que entre los patronos del Palau estaban la flor y nata de nuestros dirigentes, ni las relaciones de Millet, ni recordar el G-16, ni la financiación de la fundación de Convergència, ni el pago de las deudas de Àngel Colom al ingresar en CiU, ni cómo fueron ignorados, por parte del Parlament, los avisos de la sindicatura de cuentas de las irregularidades ...

El caso es que en plena operación disimulo del affaire Millet estalla el “Caso Pretoria”. Las detenciones de altos cargos de CiU junto a otros del PSC en un mismo caso, con un preludio profético de Pujol el día anterior amenazando con “tirar de la manta” y con aquello de que si hablase "tots faríem una mica de ferum" eran ya demasiado. Pero enseguida encontraron respuesta. Hablaron de desafecció de la ciudadanía con la política, montaron el cortafuegos del "no todos somos iguales" y salieron con lo de que no nos preocupásemos, que ya tenían la solución. Y esta era una regeneración política que se iba a demostrar por vía de la "llei electoral".

Catalunya es la única comunidad autónoma que no tiene una ley electoral propia, esto es, que se rige aún por la ley española. El nacionalismo de la diferencia (aquel que hace que para reformar la distribución provincial se busque un nombre propio del medievo, "Vegueria", todo sea por no parecer españoles) tiene estas cosas.

Pero en fin, la "ley electoral" iba a solucionar lo de la "desafección política" y por arte de magia desaparecerían los problemas de la corrupción con ello. No se sabe muy bien por qué. Porque implícitamente, al relacionar ley electoral y corrupción, se está afirmando que la corrupción proviene del "nepotismo" (les traiciona el subconsciente) si no, si la corrupción política no está generalizada, no se ve por qué cambiando la proporcionalidad del voto, ha de disminuir la corrupción. Pero si existe el nepotismo, cosa evidente y que lleva a esta asociación tácita, entonces sólo se puede disminuir si es a través de las listas abiertas. Pero tal alternativa quedó descartada por todos desde un principio.

La cuestión es que, ni siquiera esa reforma de la ley electoral que seguía dejando todo el poder a los aparatos de los partidos, y ninguno a los ciudadanos, se va a llevar a cabo. No hay acuerdo y el proyecto de reforma se abandona. Era algo que muchos ya sabíamos, volver a sacar el tema de la ley electoral no era más que una excusa para tapar los casos de corrupción, para justificar que se estaba haciendo algo al respecto. ¿Qué se estaba haciendo? Nada, hoy lo vemos.

Y a todo esto. ¿cuáles son las consecuencias? ¿quién habla hoy de lo que motivó sacar a relucir la reforma de la ley electoral? ¿qué vamos a hacer respecto a la corrupción, señores políticos?. Hoy callan.

martes, enero 05, 2010

Nuevo capítulo sobre la estrategia mediática de la "desafecció".

La Vanguardia confirma mi tesis del otro día. Todo se desenvuelve según el plan previsto con el único fin de presionar al Constitucional. La idea surge de la cúpula del PSC, a través de los hermanos Nadal (Rafael es el director de El Periódico) se les encarga a La Vanguardia y El Periódico la elaboración de la famosa editorial conjunta. Se trata de transmitir que o se acepta el Estatut tal como está o la "sociedad catalana" (y no sólo los partidos políticos) se verán "agraviados" con imprevisibles consecuencias. Aunque es obvio que la iniciativa (y la presunta unidad) sólo se da en las clases dirigentes -y de ella surge- si a caso en lo que , con la misma estratagema, aquí se ha llamado la "Societat Civil" , nada que ver con la sociedad que pisa la calle y coge el autobús.

Después Montilla lo enuncia, no en vano es uno de los máximos introductores del concepto
"desafecció" (Que se me antoja tan fuera de la realidad, y muy semejante al del "Català emprenyat", obra de Enric Juliana, que ¡oh, casualidad! precisamente es uno de los redactores de la Editorial de la "Dignitat"). Así Montilla asegura que "Al afirmar que Catalunya es una nación simplemente queremos expresar libremente lo que somos y lo que queremos seguir siendo" y que esta es una "patria dispuesta a rebelarse cuando se la niega".

En seguida, para corraborar lo que dice El President, El Periódico lanza una encuesta (¿o "macroencuesta" ? 500 encuestados en España, unos 80 en Catalunya)
que utilizan para bombardearnos con un "La desafección no es un invento" que subraya las diferencias y olvida las semejanzas entre los resultados dados en Catalunya y el resto de España.

Poco más de una semana después, La Vanguardia reitera sin ningún tipo de vergüenza, la misma estrategia de El Periódico, para poder enunciar idénticas conclusiones. Una encuesta (esta vez 800 españoles, y de ellos
sólo 128 catalanes consultados) para decirnos que "El divorcio entre Catalunya y el resto de España a cuenta de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut es cada vez más rotundo."

Lo que olvidan es que dichas conclusiones se podrían extraer de cualquier encuesta hecha en el siglo XX.
Que haya diferencias no se debe a ninguna "desafección" reciente, sino a la existencia de una realidad, el nacionalismo, que está siendo alimentado por estas mismas élites que hablan de desafección, pero que en absoluto representa a toda Catalunya, ni mucho menos.